Gestualidad (I)

Parece que la nueva palabra de moda en la relación entre el gobierno de España y el de la Generalidad catalana es “gesto”. Bueno, matizo: es la palabra de moda para describir la nueva actitud del gobierno nacional hacia el autonómico. A la inversa la postura sigue siendo la misma: patada en los huevos. 

La muestra más visible es el establecimiento por parte de la vicepresidenta de algo parecido a un despacho permanente en la delegación del gobierno en Cataluña, edificio también conocido como El Álamo. Sigue en visibilidad y simbolismo la sustitución de la hiératica y elegante delegada Llanos de Luna, de apellido incomparablemente lírico, por el mucho más prosaico Enric Millo, que se ha descolgado anteayer diciendo que la “cumbre” (¡otra!) convocada por Puigdemont para concretar los detalles del referéndum por la independencia es algo así como una buena oportunidad para el diálogo. Espectacular. 

Parece ser que la nueva táctica consiste en matar al rival a elogios, ofrecerse a dialogar con él sobre lo que sea, perseguirle a todas horas con la mano tendida y la sonrisa en los labios, reírle todas las gracias y ofrecer no ya la otra mejilla, sino ambas tantas veces como haga falta. Lo que viene siendo matarlo a besos y abrazos, vamos. Y no tanto para enternecerlo con esa actitud, sino para que “los catalanes” descubramos quién es realmente el que no quiere dialogar.  

A ver: que somos muchos los catalanes que no es ya que sepamos hace tiempo quién no está dispuesto a dialogar, sino que modestamente venimos repitiéndolo hace décadas. Los otros, créanme, no van a cambiar de opinión porque, entre otras cosas, esta gestualidad no van ni a conocerla: para el sistema de medios de comunicación en los que beben no existirá, salvo como provocación (la virreina, la visita a las colonias, etc.). 

Ahora bien, no seré yo quién lo critique. Me parece estupendo, siempre y cuando sea tan solo una más, y probablemente la menos trascendente, de una serie de medidas que se ponga en marcha. Al menos parece indicar que alguien ha entendido que, pese a ser ilegal, insensata, irresponsable, tramposa, ruinosa y catastrófica, la independencia no es imposible. Les pondré un símil: matar a alguien es ilegal, insensato, irresponsable, catastrófico y lleva a la ruina al asesino si lo descubren. Pero si yo ahora le pego un tiro a cualquiera de mis lectores, la ilegalidad se habrá consumado. Asombro, escándalo, habré arruinado mi vida, sí, pero aquello que legalmente no era posible se habrá producido, y el lector estará muerto. En el caso de la independencia, además, “el asesino” aspirará a quedar impune al ser quien dicte sus nuevas y propias leyes. Con mucho mayor acierto que el mío, una catedrática de derecho constitucional advertía hace poco en las páginas de El Mundo que, en derecho internacional, los hechos consumados acaban creando realidades jurídicas. 

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2 pensamientos en “Gestualidad (I)

  1. No puedo estar más de acuerdo con el autor. Ese gesto es algo estéril y condenado al fracaso. Si hay algo que tiene el nacionalismo es la más absoluta falta de lealtad.
    No hay más que fijarse en una de sus últimas aportaciones del nacionalismo catalán a su discurso: la Ley es ahora la ‘ley española’; algo a lo que, según ellos, se debe desobedecer porque así lo demanda el pueblo de Cataluña (sic).

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