Gestualidad (II)

Decía en la anterior entrega que bien está la política de constante exhibición de talante conciliador y dialogante por parte del gobierno de España hacia la Generalidad de Cataluña, siempre y cuando no sea ni la única ni la principal línea de acción. Al menos con ello se cubre de forma permanente un flanco, aunque sea meramente en términos de apariencia pública.

Es enormemente difícil la tarea que tiene ante sí el gobierno, el estado en realidad. Sobre todo porque durante décadas se ha perdido el tiempo lamentablemente. En el anterior artículo no fui capaz de citar, por no recordar su nombre, a la catedrática Araceli Mangas, a quien además atribuí la especialidad de derecho constitucional, cuando en realidad lo es de derecho internacional. En este artículo de Zarzalejos encontrarán una lectura muy clara y breve de sus declaraciones.

Desengáñense los bienintencionados: los independentistas no tienen intención de negociar nada, salvo la fecha del referéndum y las condiciones de la secesión. Y aún eso, solo si entienden que esa negociación puede facilitar su objetivo. Es más, se sienten sobrados, porque cuentan con el argumento para ellos demoledor de su enorme deuda, cuyo impago esgrimen como amenaza en caso de secesión no consentida.

No siempre ha sido así, ciertamente. Hubo momentos en que el separatismo, al menos el que representaba la extinta Convergència, se hubiese mostrado muy dispuesto a la negociación. En realidad, claro está, a esa peculiar negociación que solo se mueve en una dirección, que es la de que el estado haga más y más concesiones sin que el secesionismo haga ninguna, más allá de ralentizar unos meses sus planes. Pero ese momento quedó atrás por tres razones: una, porque accedieron a ciertos ámbitos de poder los rupturistas de las CUP, léase poder oficial en ayuntamientos, léase poder oficioso como sostén del gobierno catalán. Dos, porque la espiral de declaraciones y movilizaciones ha sido tal que deja nulo margen a sus autores para envainársela ahora. Y tres, y principal, porque los separatistas han encontrado durante estos años una verdadera autopista ante sí que no esperaban, y que no podían desaprovechar. Tan escandalosa ha sido la dejación de funciones de los últimos gobiernos de España, tan dramática la ingenuidad de analistas, políticos, periodistas e informadores de eso que llamamos “Madrid”, que estoy convencido de que por momentos el separatismo ha sentido el temor propio de aquel ejército que avanza de forma tan sorprendentemente fácil que espera de un momento a otro una emboscada o una contraofensiva que, en este caso, no han llegado. Podría resumirse, y yo puedo decir que lo he oído comentar así, en un “esto no puede estar siendo tan fácil, no puede ser verdad, están preparando algo”. Pues no. “Madrid” no estaba preparando nada.

Se ha llegado tan lejos que no queda nada por negociar, porque ya todo se reduce a todo o nada, a victoria o muerte. Por lo tanto, bien está ese aparente talante negociador como exhibición de una actitud, pero conviene que se tenga claro que no hay margen. Y que la verdadera política se ha de desarrollar en otros frentes.

Y para eso hay una muy buena estrategia, que es emular paso a paso lo que ellos hacen y han hecho. Y harán. Lo digo a menudo: ellos han hecho bien su trabajo. No es que sean unos genios, no: ya hemos dicho antes que se lo han puesto muy fácil. Pero en su escalofriante mediocridad han cumplido con lo que de ellos se espera, que es ir diseñando y construyendo día a día un plan con un solo objetivo: la independencia.

Parece que fuera de Cataluña no se ve o no se quiere ver que hace años que en Barcelona hay toda una administración que trabaja, en todos sus departamentos, con un único fin. Que destina ingentes recursos, en buena medida procedentes paradójicamente de las arcas del estado, a ese fin. Que ha penetrado todas y cada una de las instancias de poder político, económico, social, educativo, cultural de la sociedad catalana. Que constituye por tanto una muy potente maquinaria que, insisto, trabaja única y exclusivamente en una dirección, utilizando todos los medios a su alcance, todos, que son muchos. Y enfrente todavía hoy se oyen sesudas tertulias radiofónicas en las que los brillantes analistas se dedican a desmenuzar declaraciones y gestos para intentar descubrir mínimas diferencias entre los discursos de Puigdemont y Junqueras, por poner un ejemplo, creyendo con inconcebible ingenuidad que eso supone algún giro en la situación.

Todos los independentistas comparten un objetivo, parece absurdo tener que explicar eso. Unos porque son independentistas de origen y otros porque lo han visto de pronto tan al alcance de la mano que no podían dejar de aprovechar la ocasión de colarse por los inmensos portones que el estado ha dejado abiertos.

La pelea se ha de plantear en todos los frentes, replicando como decíamos y como veremos en la siguiente entrega las acciones desarrolladas por “el enemigo”. Sí, el enemigo, porque esto (y eso es lo primero que hay que asumir) es una “guerra”. Sin tiros, pero una réplica exacta de un enfrentamiento en toda regla. Ellos lo saben y actúan en consecuencia. ¿Y nosotros?

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s