Gestualidad (y IV)

Se engañarán completamente quienes piensen que ofreciendo competencias, blindajes y dinero se va a satisfacer a la bestia insaciable del secesionismo. A contrario, se la alimentará, se la reforzará y se la colocará mucho más cerca del que nunca dejará de ser su objetivo final.

Lo que procede es desactivar esas redes, tejer otras que las contrarresten, generar adhesiones, transmitir serenidad, seguridad, solvencia. Persuadir a los catalanes de que en España se vive sin duda mucho mejor, desmontando mentiras seculares que se han convertido en consignas de uso cotidiano. Construir complicidades. No se trata evidentemente de intentar atraer a la causa a elementos como los que pueblan las CUP, en absoluto. Pero sí a esa inmensa mayoría silenciosa que no era ni seguramente es independentista, que es la que crea riqueza y la que teme por su futuro en un vacío legal, fuera de la UE y en manos de los antisistema. No se trata de fabricar furibundos españolistas, sino de insuflar sentido común y serenidad, realismo frente a la paranoia.

Y parte de ese realismo, lección importante del mismo, pasa por hacer entender que quien algo quiere algo le cuesta. El peor error sería venir ahora con el saco de los regalos a la Generalidad, porque además de agradecerlo con algún desplante lo venderían como “¿veis como teníamos razón?”. Sí en cambio hay que ser generoso con las empresas y entidades, y ahí si es preciso hay que recurrir al mercadeo puro y simple. En definitiva es lo que lleva haciendo el separatismo hace años. 

Lamentablemente las voluntades de algunos son volubles y se inclinan ante el viento más potente. Pues España ha de demostrar que es un viento muy poderoso, y ha de soplar para contrarrestar la permanente tramuntana. En cuanto el Estado se muestre firme, sensato y tranquilo frente al frenesí de los que queman fotos o desobedecen sentencias, serán muchos los que aflorarán darán la cara. Y cuando eso pase es cuestión de tiempo que las asociaciones, colegios profesionales de toda índole y entidades diversas, hoy regidas invariablemente por independentistas, empiecen a cambiar de rumbo. Hay que cambiar el signo de los acontecimientos, y eso requiere firmeza, tenacidad, dinero y pedagogía.

Sin miedo, pero respondiendo a todo con la legalidad por supuesto, pero no solo con ella. Hay que prodigarse, hay que motivar a los desmotivados que necesitan, necesitamos, un respaldo visible. Cuidado con jugar con cosas aparentemente inocuas como regalar el blindaje de la lengua: en Cataluña el tema lingüístico hace tiempo que ha pasado a ser el elemento crucial, porque la incomunicación genera distancia, desconocimiento. Quizá haya que hacer cosas que no nos gusten, que vayan contra algunos principios que defendemos, pero las situaciones excepcionales requieren soluciones también excepcionales.

Esa es la difícil labor que la Vicepresidenta parece haber cargado sobre sus espaldas. Esperemos que no yerre en el diagnóstico, y que sepa tocar las teclas adecuadas del modo adecuado. Va a necesitar mucha ayuda aquí, pero seguro que si la busca y escucha va a saber encontrarla. Somos muchos y tenemos mucho que aportar; podríamos formar una larga cola hasta la esquina de Lauria con Mallorca, sede de “El Álamo”. 

Ábranse la vicepresidenta y sus antenas a la sociedad y hablen con todos, dialoguen con todos… menos con los independentistas. Han de ser ellos los que empiecen a sentir el aislamiento y el desdén del resto de la sociedad. Porque probablemente esta sea la última oportunidad.

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