Las consultas y sus trampas

Es curioso y significativo que de pronto, y coincidiendo con la nueva etapa de diálogo que parece haberse iniciado entre el Gobierno de España y el de la autonomía catalana a instancia por supuesto del primero, empiece a circular con fuerzas renovadas, y en el bando unionista, la especie de que una consulta a la ciudadanía catalana es necesaria para saber cuál haya de ser su futuro. Hoy Federico Quevedo aboga abiertamente por ello en su columna y paralelamente El Periódico de Cataluña publica un estudio sobre la cuestión. No son los únicos, evidentemente, lo cual permite intuir que se está intentado crear un estado de opinión, si no favorable, sí al menos comprensivo con la celebración de una consulta de este tipo. 

¿De qué tipo?, puede que se pregunte el lector. Pues ahí empiezan los problemas porque algunos parece que de forma altamente sospechosa olvidan ciertas cuestiones. Vamos a verlas.

1. El referéndum ES la soberanía. El mero hecho de aceptar que sea solo Cataluña quien vote sobre su futuro ya supone el reconocimiento de la soberanía, sea cual sea el resultado. Y por supuesto da pie a votar una y otra vez, hasta que gane el sí. Y luego, claro, ya nunca más.

2. Que la consulta no sea vinculante. Ello plantea al menos dos temas interesantes: cómo demonios se gestiona una victoria del sí, por mucho que oficialmente no sea vinculante, y la participación escasa de los unionistas precisamente por el carácter no vinculante de la consulta (“total, no es vinculante: paso”). Los otros, en cambio, votarán como un solo hombre, siempre lo hacen.

3. ¿Está debidamente garantizada en la Cataluña actual la igualdad de oportunidades de las opciones disponibles en una consulta de este tipo? Parece más que dudoso. Porque evidentemente no se trata solo de que en los quince días de campaña electoral se repartan equitativamente los espacios en medios.

En definitiva, parece que en algunos ha calado la idea de que al separatismo se le derrota, o se le calma al menos, dándole justamente lo que pide. Lo que ocurre es que, no sé si conscientemente o no, lo que están haciendo es rendirse y renunciar a defender unos principios, cayendo de cuatro patas en una de las diversas opciones que favorecen a los independentistas. Y es que por mucho que discrepemos de ellos ha de admitirse que muchas cosas las hacen bien, pese a que no compartamos su causa. La principal, haber generado una especie de círculo virtuoso de aprovechamiento de cualquier reacción del bando contrario.

En efecto, cualquier logro es maximizado y vendido como un legítimo derecho arrancado al enemigo, cualquier fracaso es visto como una muestra del enorme poder, siempre innoble, del opresor y cualquier exigencia de respeto a la ley se traduce como represión pura y dura, con lo cual en cualquiera de los casos el resultado se transforma en positivo.
Darles por tanto el inmenso e insensato regalo de la consulta supone por tanto abrir “la urna de Pandora”, que como es sabido no es precisamente fácil volver a cerrar.

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