Qué responder cuando Jordi te dice… (1)

– España nos roba, Cataluña está expoliada y el dinero que sale de Cataluña no vuelve. 

– Caramba, Jordi, ¡qué suerte! ¿Cataluña paga tus impuestos por ti? ¡Porque yo pago los míos! Jajajajaja… Pagamos impuestos los catalanes, no Cataluña. Y por cierto bastante más caros que en otras zonas de España.

– Bueno, los catalanes. Pero ¿Lo ves? Tú mismo lo has dicho: ¡Pagamos más!

– Sí, pagamos más, pero solo en aquellos impuestos que dependen de la Generalitat de Cataluña. De hecho, hay como una docena de impuestos propios de la Generalitat que en otras comunidades no existen. Y en los impuestos estatales, la Generalitat aplica los máximos recargos que la ley le permite. Con lo cual los catalanes acabamos pagando más que por ejemplo los madrileños, pero por decisión de nuestra Generalitat. Curioso, ¿verdad Jordi?

– Ya, pero eso es porque el dinero que Cataluña paga…

– Cataluña no paga, Jordi.

-…bueno, los catalanes, ese dinero no vuelve a Cataluña. Si se quedase aquí la Generalitat podría bajarnos los impuestos.

– Tienes toda la razón, Jordi. Pues claro: oye, si a ti o a mí nadie nos cobrase impuestos tendríamos más dinero en el bolsillo y viviríamos mejor, ¿no? Eso sí, no tendríamos los servicios públicos que tenemos. Pero escucha una cosa: seguro que tú ganas más dinero que yo.

– Jajajaja, ¡qué dices! ¡Tú ganas más!

– ¿Seguro? Me parece muy injusto, pero venga, aceptémoslo para mi ejemplo. ¿Verdad que si yo gano más que tú te parece justo que yo pague más impuestos?

-Hombre, pues claro: el que más tiene, que más pague.

– Eso es. Y otra cosa: ¿verdad que si Alemania es más rica que Grecia es normal que aporte más a la Unión Europea?

– Sí, claro…

– Entonces… Si ese principio de que quien más tiene más pague es válido a nivel de individuos y a nivel de estados, ¿por qué no debería serlo a escala de comunidades autónomas?

– ¡Es que no es lo mismo! El dinero de Cataluña…

– De los catalanes, Jordi…

-…vale, de los catalanes, se despilfarra en Andalucía y en Extremadura para que todos los niños de allí tengan ordenadores y los adultos se pasen el día en el bar viviendo del subsidio y…

– Vale, vale. A mí también me indigna el despilfarro. El de allí y el de aquí. ¿Tú vives en Barcelona, no? ¿Y no sabes que de Barcelona, como tú dices, salen muchos más impuestos que de Gerona o Lérida? ¿Roban estas provincias a los barceloneses?

– Se dice Girona y Lleida.

– Vale, pero entonces cuando hablemos catalán no digamos Saragossa o Reial Madrid, ¿de acuerdo?

– Eres un liante, collons.

– Sí, lo soy, jajaja. Pero ¿qué me dices de los impuestos de los barceloneses?

– Bueno, somos solidarios…

– Acabarámos: o sea que solo quieres que seamos solidarios entre catalanes. Oye, no te molestes, pero ¿no te resulta un pelín racista este principio? Y otra cosa: cuando seamos independientes y miembros de la Unión Europea, ¿estaremos dispuestos a ayudar y ser solidarios con los países más pobres, incluso tal vez con la propia España?

– Claro, pero lo decidiremos nosotros.

– Hombre, no sé yo. Lo decidirá la Unión Europea, ¿no? En fin, oye: no quiero agobiarte. Menudo rollo te estoy pegando… Piensa un poco sobre ello y seguimos otro día. Adéu, Jordi!

Psicopatología separatista

Corre por ahí un manual que distribuye al parecer la ANC (Assemblea Nacional de Catalunya) a modo de argumentario para que sus militantes, a los que casi cabría calificar de adeptos, puedan encarar conversaciones con los descreídos del proceso separatista y desarrollar así un más eficaz proselitismo. Aquí tienen un completito resumen gentilmente ofrecido, sin el menor espíritu crítico y a modo de encarte encubierto, por el antaño conocido como “acorazado de la calle Pelayo”, hoy “el panfleto de Godó”:
 


Bien, viendo los consejos que ofrecen cabe pensar que, más que a los descreídos, va encaminado a persuadir a los ignorantes que bordean el analfabetismo funcional, tal es el nivel de los diálogos simulados en que se articula el panfleto. Eso da una idea, por cierto, del grado de respeto intelectual y hasta humano que a esta gente le merecen los indecisos. De lo cual colijo que a los que estamos en contra del proceso separatista y nos esmeramos en hilvanar un par de ideas mínimamente sólidas ya nos dan por perdidos. Es más, diría que probablemente aconsejan incluso a sus adeptos que nos esquiven, no vaya a ser que nuestra perniciosa influencia les haga, qué sé yo, ¿pensar? Y es que en definitiva, oigan, un voto es un voto, sea el de la Encarni, el del jugador de cricket pakistaní o el de un subsahariano recién nacionalizado (español, claro). De momento que voten. Luego ya descubrirán que no todos los domingos hay helado de postre. O sí, pero no para ellos. 

El caso es que la idea me ha gustado, y me parece justo corresponder con una equivalente dedicación a tan elevado interés por los aún no convencidos. En homenaje al legendario doctor Soler que en tiempos de Mikimoto dirigía una sección titulada “Psicopatología conyugal” con disparatados ejemplos de formas de afrontar conflictos de pareja, queda solemnemente inaugurada la sección titulada “Psicopatología separatista”. Y siguiendo las pautas del expeditivo doctor, cada entrega se iniciará con un pragmático “qué hacer si un indepe te dice…”. Intentaremos, eso sí, evitar el repugnante tufo de superioridad moral, intelectual y casi racial que emana del panfleto separatista. Que aquí somos conscientes de nuestras limitaciones. Permanezcan atentos a sus pantallas… 

Sagradas instrucciones

Curiosa la relación de la sociedad española con su administración de justicia. No es una relación de desconfianza radical, sino de desconfianza muy selectiva. No debería sorprenderme, claro está: en definitiva sigue el mismo criterio que los aficionados al fútbol. Una misma entrada, idéntica, es condenable, punible y execrable en la medida en que la cometa un jugador del equipo contrario y excusable, justificada e inofensiva si el autor viste la camiseta del equipo de nuestros amores. Esta, por cierto, es una de las razones por las que dejé de ir al fútbol hace ya muchos años: mi incapacidad para el fanatismo, mi manifiesta falta de aptitud para aceptar que lo blanco es negro. O azulgrana.

En este paralelismo, parece que el equipo de los colores de la sociedad española lo forman los jueces instructores. E igualmente que parece ser cierto que cada español lleva en su corazón un entrenador de fútbol, no lo es menos que en otro órgano que no me atrevería a concretar cada ciudadano de este bendito país lleva un juez instructor, con su toga y todo.

Como de un tiempo a esta parte todos (bien, de acuerdo: casi todos) somos muy progres el equipo rival, el que lo hace todo mal, el que nunca acierta, el que actúa con intrínseca maldad y con artes extra deportivas resulta ser invariablemente el de los magistrados de instancias superiores. Tanto es así que, a juzgar por la rara unanimidad de la opinión pública y la publicada, deberíamos plantearnos la conveniencia de suprimir todas las demás instancias y dejarlo todo en manos de esta casta superior de súper hombres y súper mujeres que constituyen los jueces de instrucción.

Y lo grandioso es que ahí coinciden,  aunque paradójicamente desde la más radical discrepancia, derechas e izquierdas. Vean si no: Alaya es la mejor instructora del mundo pese a que le tumben medio sumario. Elpidio es un héroe nacional aunque haya puesto en peligro todo lo actuado contra un semoviente como Blesa. Castro es ídolo de masas aunque las magistradas hayan dejado su instrucción en mantillas. Garzón es la justicia encarnada, y mucho, en un ser terrenal pese a que sus instrucciones tengan a decir de los expertos la solidez de un castillo de naipes.

Y por contra los tribunales superiores que curiosamente, qué cosas, suelen estar integrados por varios magistrados con larga experiencia y méritos en el ascenso, yerran indefectiblemente, por incompetencia o directamente por venalidad, a los ojos del “supremo tribunal de la barra de bar a la hora del carajillo” o de su versión catódica que es “la corte inapelable de la tertulia”.

Gloria a los jueces de instrucción. Ellos sí que saben. Paco, otra caña.

Esto es lo que pasará 

‪Esto es lo que pasará: Rajoy propondrá un nuevo sistema fiscal y el blindaje de competencias educativas y lingüísticas, más un reconocimiento formal del carácter de nación de Cataluña. ‬

‪Mas y Puigdemont arrugarán la nariz con gesto de asco infinito pero aceptarán alegando que no pueden acceder a la independencia sin desatar la violencia estatal y que eso dejaría Cataluña en manos de las CUP. ‬

Pondrán como condición, eso sí, que la propuesta se someta a referéndum solo en Cataluña, con lo cual habrán cumplido torticeramente su compromiso de poner urnas para que los catalanes votemos, pondrán toda la carne en el asador del sí dejando el no para “los radicales extremistas de la CUP y del españolismo rancio”, colectivos a los que culparán del fracaso de la independencia, recuperarán la centralidad del espacio político catalán y el voto de mucho catalanista no totalmente independentista, se garantizarán la vista gorda del PP en el parlamento catalán, asegurarán la abstención de su grupo en Madrid cuando Rajoy tenga que convocar elecciones, obtendrán una tolerancia infinita en los casos catalanes de corrupción, empezando por la familia Pujol, desbloquearán la construcción de grandes infraestructuras como el corredor mediterráneo y aquí paz y después gloria.‬

ERC hará muchos aspavientos de indignación pero en su fuero interno sabrá que esto era lo máximo que se podía conseguir en estos momentos.‬

‪Y todo esto, que puede parecer una historia con final feliz, en realidad no lo será porque dentro de dos o tres o cuatro años el independentismo, cuya razón de existir es la reivindicación permanente, volverá a la carga para obtener lo único que le quedará ya a España por dar, que es la plena soberanía. Pero para entonces los actuales gobernantes españoles ya no estarán, y oiga, el siguiente que apechugue. Visión de estadistas. ‬

Vidas ejemplares

Hay historias fascinantes. Pero creo que la del jugador de cricket indio que llega a senador del reino de España a través de las candidaturas de un partido que propugna precisamente la ruptura con el reino de España y por tanto su destrucción, y que lo hace por renuncia de otro senador que antes fue expulsado de la carrera judicial y que abandonó el escaño por explicar la agenda oculta del separatismo, francamente, esa las supera a todas. Si hiciésemos un compendio del disparate nacional, en esta historia concurren todos los dislates imaginables, con la guinda del juramento a duras penas farfullado, previamente memorizada la fórmula del “imperativo legal” y de la república catalana. 

Es tristemente divertida la escena en que el presidente del Senado le pregunta “¿pero promete o no?” y el otro, que no sabe ni palabra de español, se limita a repetir la respuesta memorizada en plan loro porque no ha sido programado para decir nada que no sea el mantra.

Eso sí, no me cabe duda de que se expresa en un catalán digno de Pompeu Fabra. 

La España hidalga y quijotesca

Carles Viver i Pi -Sunyer, que dirige la desconexión de España, está en posesión de dos medallas: la Orden del Mérito Constitucional, que se concede a “aquellas personas que hayan realizado actividades relevantes al servicio de la Constitución y de los valores y principios en ella establecidos”

Y la Gran Cruz de Isabel la Católica, que premia y reconoce “aquellos comportamientos extraordinarios de carácter civil, realizados por personas españolas o extranjeras que redunden en beneficio de la Nación española”

Así nos luce el pelo. España sí paga traidores, pero contra ella misma.