La momia de Franco

Esta necrofílica historia de los restos mortales de Franco viene como anillo al dedo para visualizar las torpezas y habilidades de nuestra clase política. Amén de ejemplificar perfectamente cuáles son sus prioridades y hasta qué punto su principal dedicación cotidiana es la de realizar gestos de cara a la galería, inmersos como viven en un universo paralelo al de la sociedad, totalmente ajeno a ella salvo para nutrirse presupuestariamente.

Por algún extraño mecanismo psicológico colectivo que algún día deberíamos analizar, parece que entre un buen número de españoles todavía vende el argumento revanchista de una guerra sucedida hace ochenta años. Un buen amigo, por cierto, despacha estas disputas con un contundente y provocador (y por otra parte difícilmente rebatible): “hubo una guerra, ¿no? Pues haberla ganado!”. Pero bueno, el caso es que al parecer funciona, porque si no de qué iban algunos políticos a perder su tiempo en un argumento electoralmente irrelevante.

Y ahí empieza a notarse la astucia de unos y la torpeza de otros. Es un ejemplo de manual de cómo forzar los movimientos de otros. Nadie va a defender nada que tenga que ver con el franquismo. Por lo tanto una propuesta en ese sentido obliga a los demás a posicionarse en el lugar en que quien la hace sabe que no tienen más remedio que posicionarse. Por ahí, inteligente aunque vergonzosa maniobra de la extrema izquierda.

El PSOE, lógicamente, si no quiere ser tildado de tibio (y menos en plenas primarias), ha de lanzarse también sobre el cadáver del dictador. Pero al propio tiempo queda en evidencia su incoherencia por no haberlo hecho durante sus largos mandatos.

Ciudadanos se ve en la tesitura de elegir entre la despectiva abstención que reclamaría el sentido común y el voto favorable que le aleje de la sospecha injusta de heredero prefabricado del PP. Y hay que reconocer que la idea de crear un Arlington hispano en Cuelgamuros no es mala, porque sería de las pocas opciones que evitarían que la izquierda siguiese utilizando el símbolo franquista por excelencia.

Y el PP como siempre en Babia. Pierde otra votación, se coloca en la incómoda posición de desobedecer un mandato parlamentario, carga nuevamente con el sambenito de heredero del franquismo… un desastre. Cuando con un poco de astucia el tema podía haberse gestionado con mano izquierda: ante la evidencia de que El Valle, no nos engañemos, se ha convertido en un engorroso “pongo” indefendible en su actual configuración, la inteligencia aconseja anticiparse mandando un discreto emisario de alto nivel a la familia Franco sugiriéndoles que ellos tomasen la iniciativa de llevarse los restos del general a donde consideren oportuno. Con ello se hubiera desactivado este macabro enredo.

Pero claro, qué tontería: he mezclado PP y anticipación en la misma frase. Qué absurdo todo. Conformémonos con que al final alguien no pida (y consiga) colgar por los pies la momia de Franco en la Plaza Mayor.  

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