Rencores inexplicables 


Son pocos los progres que me leen. Lo sé, y lo comprendo perfectamente. No suelo ser complaciente con ellos. No tiene mayor importancia: hay infinidad de blogs en los que pueden sentirse comprendidos.

Pero por si alguno pasa por aquí, aunque sea por error, le pediría que mirase esta foto de un Fraga y un Carrillo risueños y relajados. Y para completar el retablo, les animaría también a mirar estas otras dos:

 

Ahí aparecen reunidos, charlando, riendo, fumando, abrazándose incluso, hombres que han representado en el sentido más estricto de la expresión a “las dos Españas”. Algunos de ellos incluso se batieron en las trincheras o en la retaguardia y de sus decisiones, que no voy a entrar a juzgar ahora, se derivaron muertes y tragedias personales, durante la guerra civil y después de ella.

En un momento glorioso, que solo me atrevería a equiparar aunque en otro nivel a aquel en que coincidieron en los gobiernos de las principales potencias mundiales personas como Ronald Reagan, Margaret Thatcher, Mihail Gorbachev y el papa Wojtyla, esas personas otrora enfrentadas incluso con las armas, fueron capaces de pasar página y abrazarse en pro de un interés común que, no nos engañemos, no era tanto la democracia, como la propia España. Y quedaron atrás crímenes, muertes, injusticias, todo tipo de barbaridades cometidas por uno y otro bando.

Tuvo que hacer toda España, inspirada por aquellos líderes, un inmenso esfuerzo de perdón y reconciliación, a sabiendas de que era el camino ineludible para entrar en una fase de libertad y prosperidad. Quien más, quien menos tenía en su álbum de fotos familiar el retrato en blanco y negro de alguna víctima de aquellos años salvajes. Pero quien más, quien menos, decidieron dejar de mirar por el retrovisor y fijar la vista en la carretera que se abría ante ellos, difícil y mal señalizada, pero la única posible.

Y ahora resulta que 40 años después de esas imágenes unos jóvenes supuestamente airados y presuntamente formados y modernos deciden rescatar con interés puramente bastardo aquel odio y aquel rencor que los personajes que aparecen en esas fotos, que tenían la legitimidad para hacerlo, decidieron enterrar en un baúl bajo siete llaves. Lo que aquellos valientes decidieron no hacer por el bien de todos los españoles parecen decididos a acometerlo ahora las nuevas hornadas de cobardes sectarios, en un mezquino cálculo electoral de que en nuestro país el rencor y el odio ideológico todavía generan apoyo electoral.

Jóvenes salidos de las facultades de políticas, y por tanto sin más conocimiento que la estrategia maniobrera de asalto al poder, que confluyen de forma fatídica con personajes cuya mediocridad es inversamente proporcional a su ambición, se lanzan sin tapujos a propagar el odio agitando fantasmas que ni conocieron y que, estoy seguro, incluso el más mediocre de los que en aquella época vivió y luchó, se avergonzarían de ellos.

Aún así, lo preocupante no es que esa banda de ambiciosos asaltantes del poder, que ellos prefieren calificar poéticamente de cielo, decidan utilizar tan sucias maniobras en el camino que les ha de llevar a satisfacer su ambición personal, sino que unos cuantos millones de españoles les den su voto. Parece que el rencor y el odio aún venden. Pero reflexionen sobre algo curioso: ese rencor, ese odio, ese sectarismo infecto, solo venden todavía en la izquierda. No encontrarán en la derecha nada semejante, ni lejanamente. Por suerte. Algo nos dice eso de unos y otros.

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