Salgan del circo

Llegados al punto en que los partidos independentistas atropellan los más elementales principios del debate democrático al impedir que una ley tan trascendental como la llamada de desconexión admita presentación de enmiendas, creo que los partidos constitucionalistas deberían plantearse seriamente abandonar el parlamento catalán.

Ciertamente una decisión de este tipo es de una gravedad extrema, puesto que supone la ruptura de la baraja democrática y de hecho deja sin representación parlamentaria a los votantes de los partidos que se ausentan. Pero es que el momento es crítico, y en realidad los separatistas ya han dejado claro que están dispuestos a todo, con lo cual la presencia de los partidos constitucionalistas en el parlamento catalán solo sirve ya de coartada para que sus medidas golpistas queden blanqueadas por el voto contrario de un número apreciable de escaños, simulando así la existencia de un sano y libre debate, que en realidad no se produce al haberse eliminado las fórmulas que lo permitirían.

Hoy por hoy las esperanzas del separatismo están depositadas en escasamente tres frentes: uno, los posibles errores de procedimiento que cometa el gobierno central, y de ahí estás tramitaciones tramposas que pretenden acortar plazos y reducir así las posibilidades de recurso de la administración central. Dos, las incomprensibles veleidades del partido socialista, solo explicables por la ambición incontenible de su secretario general por llegar a la presidencia como sea. En ello ven los separatistas una importante grieta en lo que debería ser un sólido bloque constitucional. Y tres, el frente internacional cuya atención pretenden atraer de cualquier modo, sea por la aparente y tramposa contraposición entre ansia democrática catalana y actitud de bloqueo española, sea porque se produzcan finalmente disturbios graves que lleven el problema catalán a las portadas de los telediarios, hecho que buscan ansiosamente y que están dispuestos a provocar a cualquier precio. Y digo a cualquiera.

Pues bien, en cuanto a este tercer aspecto, el abandono por parte de la oposición en bloque de la actividad parlamentaria en Cataluña enviaría un nítido mensaje internacional que desmentiría el pretendido carácter ejemplarmente democrático del proceso. Los motivos existen, ya que la norma aprobada ayer, aunque elaborada pensando en la ley golpista de desconexión, puede servir en lo sucesivo para que cualquier iniciativa legislativa se apruebe en cuestión de horas sin posibilidad de introducir y debatir enmiendas.

Pero claro, para que eso fuese realmente eficaz deberían respaldarlo la totalidad de las fuerzas constitucionalistas, y ahí toparíamos siempre con el escollo del PSC, que por encima de la voluntad de parar el proceso separatista, que la tiene, ha situado la urgencia de aprovecharlo para llevar a su secretario general a la Moncloa.

En cualquier caso, creo que urge que el principal partido de la oposición en Cataluña inicie contactos con los otros partidos constitucionalistas en este sentido. Que les plantee seriamente abandonar ese circo en el que lamentablemente los separatistas han convertido al antes respetable parlamento catalán.

Dejen solos a los payasos.

Escenas de palacio

Jueves 20 de julio de 2017, 12.00 horas, Palau de la Generalitat.

“Conseller Turull, perdone…”

“Meritxell, le he dicho que no me pase llamadas, que estoy buscando urnas en Amazon.”

“Sí, conseller, pero es que… Es que…”

“Bueno, ya me ha interrumpido, así que dígame. Espero que sea algo importante”.

“Es que han llamado del cuerpo de guardia de la entrada de Palacio. Dicen que está… Que está…”.

“¿Quién Meritxell, quién? ¡Vamos!”

“¡La Guardia Civil, conseller!”

“Collons, Meritxell!” (Se escuchan ruidos)

“¡Conseller! ¿Conseller, me oye?” Se levanta y acude presurosa al despacho contiguo. El conseller Turull está introduciendo frenéticamente manojos de documentos en la destructora de documentos, mientras con la otra mano se arranca la corbata. Cuando la destructora se atasca, se lanza hacia un armario, lo abre y saca una botas altas de goma, de las de pescador de río, y empieza a batallar para embutirse en ellas.

“¿Qué hace, conseller?”

“Meritxell, no querrá que me empape el traje y los Sebago, que en las alcantarillas el agua cubre hasta la rodilla… ¿Han emplazado ya cañones en la plaza apuntando a palacio? ¿Hay ametralladoras? ¡No oigo los helicópteros!”.

“Conseller, es que…”.

“Estos pantalones son enormes, ¿no serán los de Junqueras? Meritxell, ¿están ya los de las CUP enfrentándose a los guardias? ¿Y los Mossos? ¿Nos son leales? Mire que le dije al President que hay uno en la puerta que se apellida García, y eso no puede presagiar nada bueno”.

“Conseller, escolti…”

“Aunque claro, deben estar en manifiesta inferioridad numérica, ante cientos de guardias civiles bien pertrechados… ¿Cuántos hay, Mertixell, un batallón? ¿Hay tanques?”

“Tres, conseller”

“¿Tres tanques en la plaza? Mare de Déu…”

“No. No, conseller. Tres guardias civiles. De paisano”.

El conseller se detiene, una pierna dentro del traje de pescador y la otra fuera.

“¿Tres? ¿Tres guardias de paisano? Serán de los GEO, fuerzas especiales, vienen a secuestrar al President…”

“No. Traen un papel”.

“¿Un papel? ¿Cómo un papel?”

“Sí, no sé qué de una agenda que quieren ver…”.

“Y… ¿Dices que solo son tres?”

“Tres. Y muy majos, muy correctos.”

“¡No pasarán, Meritxell!”. El conseller sale trabajosamente del traje de pescador y recoge de la destructora un folleto de urnas chinas a medio destrozar. “Llama a TV3 y a La Vanguardia. Que envíen cámaras y reporteros. Prepara una declaración diciendo que les he impedido el acceso y que…”.

“Conseller, pero es que ya están en el tercer piso”.

El conseller sonríe. “Meritxell…. Una mentira mil veces repetida se convierte en una verdad. Ya lo dijo el maestro”.

“Sí, conseller”. Meritxell se retira intentando recordar qué maestro había dicho eso antes. “¿Pujol? ¿Barrera? ¿Antich?”

En cascada

Una de las principales leyendas del separatismo consiste en repetir una y otra vez que es un proceso espontáneo que surge desde abajo, desde el pueblo. 

Pues no sé yo, pero parece que el pueblo no lo tiene tan claro. A medida que el proceso avanza y está más y más claro que es un burdo golpe de estado, sus cabecillas van elevando el tono de la presión…hacia abajo, claro.

Primero fue el diputado Vidal quien anunció a los asistentes a una charla, entre sus incomprensibles risas, que “estais todos fichados” gracias a unos datos que “evidentemente de forma legal no podían conseguirse”.

Le siguió su colega Llach, que amenazó abiertamente con represalias a aquellos funcionarios que no cumpliesen con los designios del golpe.

Hace un par de días Rull o Turull, nuestros Hernández y Fernández locales, atemorizaron a los ciudadanos diciendo que quien no acudiese a las mesas electorales habiendo sido citado para ello sería sancionado.

Junqueras se entretiene ya asustando a niños y abuelitas con el tremendista anuncio de que la guardia civil llamará a su puerta para llevarse a los críos, y asegurando (en realidad implorando) que los ciudadanos saldrán a la calle a defenderle.

O sea, que la idea del proceso que viene de abajo hacia arriba empujando a unos mandatarios que se ven casi obligados a colmar la clamorosa demanda popular parece haberse invertido, y ahora el golpe se precipita desde el poder hacia abajo sobre los sufridos ciudadanos en forma de cascada maloliente. Abran los paraguas.

Cómo redactar un burofax

No es difícil. Se empieza por poner el destinatario. En este caso “Muy Honorable Presidente de la Generalidad de Cataluña, Palacio de la Generalidad, Plaza de Sant Jaume, Barcelona”.

Luego se escribe el texto. Por ejemplo:

“Muy Honorable Presidente

La pretendida convocatoria de un referéndum para la independencia vulnera el principio consagrado en el artículo 2 de la Constitución, y por las consecuencias que pretende supone una amenaza a los intereses de España y de la Unión Europea, de la cual una hipotética Cataluña independiente quedaría excluida, como usted bien sabe.

Los pasos encaminados a la efectividad de dicho referéndum vulneran, por su secretismo y evidente y escandalosa falta de garantías democráticas, tanto la Constitución como el propio estatuto de autonomía de Cataluña.

La actividad de los servicios de acción exterior de su administración está esencialmente encaminada a desacreditar la imagen internacional de España, existiendo abundantes testimonios de ello.

De forma general, las actuaciones desarrolladas a lo largo de los últimos meses por el conjunto de su administración, e inspiradas por la acción de su gobierno, atentan gravemente al interés general de España. Además, su administración no cumple con las obligaciones que la Constitución y otras leyes le imponen, desobedeciendo incluso de modo reiterado las resoluciones judiciales, y habiendo descuidado de manera evidente, en la persecución del objetivo de la secesión, las obligaciones propias del gobierno del territorio y la población sobre los que  ejerce su jurisdicción la Generalidad de Cataluña.

Como Presidente del Gobierno de la Nación me veo en la necesidad de advertirle de dicha circunstancia y requerirle, al amparo del artículo 155 de la Constitución, para que cese en todas y cada una de las acciones de toda índole que constituyan un atentado a los intereses generales de la Nación y que cumplan, usted y toda su administración, con las obligaciones que imponen la Constitución y las leyes, con expresa advertencia de las consecuencias que para la desatención de este requerimiento establece el propio artículo citado.

En este sentido, estimo como razonable el plazo de un mes para que se adopten por parte de su administración medidas que demuestren de forma clara su voluntad de cumplir con lo requerido.

Atentamente.”

Luego se acude a la oficina de correos más   próxima con dos copias del escrito, sin sobre, y se pide el envío por burofax con acuse de recibo y certificación de contenido. Le sellarán una copia. Cuesta unos 26 euros. Pasados unos días recibirá un justificante de entrega.

De nada.

P.S.: el “atentamente” puede sustituirse por “ahora vas y lo tuiteas”.

Una bofetada, por favor

Se supone que en dos meses y medio en Cataluña se va a celebrar un referéndum que ha de llevar a ese territorio a la independencia destruyendo uno de los estados más antiguos de Europa, cambiando las fronteras de la Unión Europea y sacando de ellas a siete millones de catalanes, amén de crear un cisma social y una fractura que con toda probabilidad conducirá a ciertos niveles de violencia. 

A día de hoy no se sabe qué censo se utilizará, quién suministrará las urnas, cómo se hará el recuento y otros detalles nimios. Se sabe, eso sí, que bastará que vote un solo ciudadano y lo haga afirmativamente para que la independencia se proclame. 

Para esta convocatoria se están vulnerando la constitución española, los dictámenes de organismos internacionales, el propio estatuto de autonomía, los informes del consejo de garantías estatutarias de la propia administración convocante, las sentencias del Tribunal Constitucional…

Nadie sabe si la independencia será fruto del referéndum, o si será previa y la consulta se celebrará ya en un estado formalmente independiente. Nadie ha dicho, en este segundo caso, qué pasaría si ganase el no, signo evidente de que esa posibilidad simplemente no va a permitirse que suceda.

La administración autonómica lleva meses, por no decir años, haciendo campaña por la secesión por todos los medios, mientras que los contrarios dispondrán de apenas un par de semanas para exponer su postura.

Pero, nos aseguran, todo este disparate colectivo se justifica por la opresión que Cataluña sufre por parte de un estado de baja calidad democrática. 

Decididamente, como aquellas personas que entran en un ataque de histeria, Cataluña necesita recibir un contundente bofetón, una hostia de esas que despiertan a cualquiera de una alucinación. El problema es quién va a administrársela. No hay que descartar que se la propine la propia Cataluña, en forma del más espantoso de los ridículos. Así sea. Sería la mejor de las soluciones.

Todo escrupulosamente democrático 

Cataluña aspira a convertirse, como república independiente, en el paradigma universal de la pureza democrática, en un ejemplo de nación moderna, progresista, abierta, rica y generosa. Bien, en realidad no es que aspire a eso: es que no se cansan los independentistas de proclamar que eso ya es así, y que lo único que separa a Cataluña de la perfección (o al revés, vayan ustedes a saber, que no sabemos qué fue primero) es su condición de pueblo oprimido por la atrasada España. Curioso fenómeno, por cierto, el de tan avanzada nación subyugada secularmente por un estado tan manifiestamente inferior en todos los aspectos, pero bueno, vamos a dejar eso por ahora aparcado. No les robemos esa ilusión.

El problema es que la realidad no está demostrando por ahora que esa perfección democrática vaya a conseguirse tan fácilmente. Porque lo cierto es que los pasos que se están dando van en la dirección justamente opuesta. Claro, todo ello se justifica por la situación de evidente y lógica excepcionalidad que todo proceso golpista (ellos prefieren decir rupturista, o de liberación o autodeterminación) implica. Siempre con la promesa de que todo esto es temporal, necesario, que forma parte de un auténtico estado de excepción (con el que por cierto, según ellos, el estado les amenaza), pero que en cuanto se alcance la tierra prometida de la independencia las más arraigadas democracias de la vieja Europa occidental van a parecer apenas aprendices. Vean si no:

– La ley fundamental del proceso golpista (que ellos, insisto, consideran legítima) se guarda bajo siete llaves y se tramita en secreto.

– Para que esta ley salga adelante de forma discreta (¡discreta una ley que ha de romper el estado español y proclamar la república catalana!) se ha forzado y retorcido el reglamento de la cámara catalana para que pueda tramitarse de una tacada, en una sola lectura y en pleno mes inhábil y sin enmiendas ni por tanto debate digno de tan ambicioso propósito.

– La desconexión de España se producirá por ley antes del referéndum. ¿Se imaginan que luego sale el No? ¿Ven a Puigdemont llamando a Rajoy en plan “oye, presidente, esto… verás… que de aquello nada. ¿Crees que podríamos volver y pelillos a la mar?”.

– Se pretende aprobar la ley de ruptura con el estado con una mayoría inferior a la que se requiere para modificar el propio estatuto.

– Un diputado amenaza con represalias a los funcionarios que no cumplan esa ley de desconexión a todas luces inconstitucional.

– Se está elaborando al margen de toda legalidad un censo de catalanes residentes en el extranjero. A los que viven en el resto de España mejor los olvidamos, que igual no son adictos a la causa.

– Otro diputado, y juez sancionado además, reconoce entre risas que se va a utilizar un censo obtenido de forma manifiestamente ilegal (“estáis todos fichados, jajajaja…”).

– Se anuncia que las mesas de votación se cubrirán con voluntarios (imaginen la neutralidad y las garantías).

– Se vetan en sede parlamentaria las ayudas públicas, incluso vía publicidad, a los medios de comunicación privados que no colaboren con la propaganda pro referéndum.

– Toda la administración autonómica lleva años haciendo campaña sin tapujos a favor no ya de la consulta, sino del voto afirmativo, con lo cual resultaría imposible celebrar un referéndum con unas mínimas condiciones de equidad.

– Los partidos y entidades no independentistas son reiteradamente acosados, amenazados y hasta violentados por grupos “incontrolados” (será un homenaje a Companys…) sin que la Generalitat lo condene.

– Se miente a los ciudadanos sobre las consecuencias de la hipotética secesión, negando la evidencia principal, que es la de que Cataluña quedaría fuera de la Unión Europea.

Por no hablar, claro, de esas hermosas procesiones con antorchas, de esas calles festoneadas de cientos de banderas, por ese saludo característico con el brazo en alto y cuatro dedos extendidos,…

Será todo muy democrático, sí, pero la verdad es que de momento no lo parece.