Caras y almas

Es un clásico aquello de que la cara es el espejo del alma. Como tal frase hecha, pudiera parecer que no tiene mayor fundamento. Pero oigan, exista o no un fundamento más o menos científico, lo cierto es que si uno dedica un rato a comparar imágenes acaba asumiendo que pocas verdades tan irrefutables podemos encontrar en el repertorio de máximas populares.

Cojan por ejemplo un mitin de los que acostumbra a cometer, que no celebrar, el dictador venezolano Nicolás Maduro. Empezando por el patético protagonista, siguiendo por los militares que suelen hacerle de telón de fondo (pruebas vivientes de aquella otra frase sobre monas y vestidos de seda) y acabando por las primeras filas de bípedos que compiten por evidenciar el mayor ardor bolivariano, no hallarán ustedes un semblante que no muestre odio, rencor, violencia apenas contenida y esa indefinida expresión de quien desde la nada ha alcanzado una cota de poder tal que le permite, desde la autoridad o al cobijo de ella, abusar impunemente de vidas y haciendas ajenas.

Busquen a continuación imágenes de los  líderes opositores, los diputados y sus familias, o de los venezolanos que claman en la calle por su seguridad y libertad. Nada que ver. Con todas las excepciones que quieran, pero son semblantes limpios, atribulados, incrédulos, noblemente indignados, valientes. Vamos, que a unos les comprarías un coche usado y con los otros no irías ni a heredar.

Otro tanto sucedía, no sé si lo recuerdan, en Colombia en los años en que los valerosos hombres y mujeres de Uribe, con su presidente a la cabeza, combatían a la escoria de la guerrilla y el narcotráfico. Busquen imágenes de aquellos ofíciales (aquellos sí, militares: no como los mamporreros cubiertos de chatarra del régimen venezolano), aquellos políticos, y contapónganlas a las de los barbados jefes guerrilleros y paramilitares y narcotraficantes. Decidan en quién confiarían.

No vayan tan lejos: miren a quienes reciben entre vítores al terrorista que regresa a su Navarra natal y observen a continuación a las víctimas del terrorismo. Miseria frente a grandeza, mugre moral frente a dignidad. Todo ello reflejado en unos semblantes, en unas expresiones, en una catadura.

Sí, la cara suele ser el espejo del alma. Aunque también es cierto que donde unos vemos mugre y miseria moral otros ven nobleza revolucionaria y heroísmo. Por desgracia para ellos, el tiempo siempre acaba dándonos la razón a los demás. Un tiro en la nuca nunca es heroísmo. Implantar una dictadura nunca encierra nobleza moral. La miseria siempre aflora, y las cámaras tienen una especial sensibilidad para registrarla. 

Anuncios

3 pensamientos en “Caras y almas

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s