¿Por qué quieren arruinar Cataluña?

Ni el peor boicot de “la brunete mediática madrileña españolista” hubiese causado en la economía catalana un efecto tan devastador como el que está ocasionando el gobierno de la Generalidad y los partidos que lo apoyan. La fuga de empresas y entidades bancarias adquiere tintes de auténtica hemorragia, la venta de viviendas cae en picado, las reservas turísticas se desploman como nunca antes. Y la Generalidad sigue empeñada en mirar hacia otro lado (porque ahora ni siquiera niega ya lo que sucede: simplemente lo ignora); en realidad hacia el único lado al que sabe mirar desde hace años, que es la independencia.

Una independencia que ahora ya ni ellos mismos niegan que dejaría a Cataluña fuera de la Unión Europea por tiempo indefinido (Francia ha sido muy clara, además de Juncker y Tusk). Una Cataluña que nadie con un mínimo conocimiento de la realidad catalana ignora que no está preparada para gestionarse con los mínimos requisitos de fiabilidad propios de un país occidental: ni la administración tributaria catalana está en disposición de gestionar todos los tributos de las empresas radicadas en Cataluña, ni podría sostenerse una administración de justicia que ya sabemos que multitud de jueces y fiscales y secretarios abandonarían. Una supuesta nueva nación con unas leyes fundacionales que rozan el autoritarismo al negar su sometimiento a ningún poder (ni el judicial). Un país con fronteras cerradas por el norte y el oeste, sin más salida que el mar. Un pueblo gobernado a golpe de manifestación y concentración callejera. Un supuesto estado que por ahora mantiene cerrado a cal y canto su parlamento y hasta el ayuntamiento de su capital, evitando el debate político en estos momentos críticos, o que es capaz de abrirlo y modificar sobre la marcha los órdenes del día para “banalidades” como aprobar una ley de independencia. Una nación que pretende presentarse como socio fiable pero arranca incumpliendo leyes, sentencias, constitución y su propio estatuto, y que da como válido un pseudorreferéndum cuya normativa ellos mismos convirtieron en una pantomima que avergüenza a cualquier estudiante de primero de derecho.

Es forzoso hacerse la pregunta que encabeza este artículo: ¿por qué quieren arruinar Cataluña? Puede entenderse de las CUP y hasta de los de Colau: en definitiva los partidos antisistema y revolucionarios solo pueden medrar en el caos y la miseria, con lo cual la salida de la UE, la huida de la banca privada y hasta el descenso brutal del turismo no hacen sino allanar el camino hacia su utópica sociedad autogestionaria y poco menos que de trueque. Pero ERC, que se supone que lleva años queriendo gobernar una Cataluña próspera, y la antigua CiU, que se presume que representa al empresariado, los comerciantes, la llamada burguesía catalana… ¿esos dos partidos están dispuestos a llegar a la independencia a través de la ruina? ¿Prefieren realmente gestionar un país independiente pero arruinado y al margen de su entorno que una próspera comunidad autónoma de la cuarta potencia europea? ¿Prefieren ser cabeza de ratón famélico que aspirar a ser cabeza (que no cola) de león? No queda mucha más explicación que la de asumir que se trata de una desesperada huida hacia adelante de una clase política que, bien por corrupción institucionalizada durante décadas, bien por la loca violación de toda legalidad que han cometido durante los últimos años, bien por el pánico que les produce pensar siquiera en la idea de tener que reconocer a sus bases que todo era mentira (lo esbozó con infinito cinismo Artur Mas el otro día) y asumir las consecuencias, incluso físicas, de la frustración que tal reconocimiento sin duda generaría, ha optado por lanzarse a la más demencial de las carreras, confiando en una inconcebible debilidad de la otra parte.

Y los ciudadanos catalanes, que viven en uno de los mejores lugares del mundo, con un clima privilegiado, una economía boyante, un grado de libertad y derechos envidiable, ¿van esos ciudadanos a sacrificar todo eso y sumirse en el empobrecimiento y el caos simplemente porque alguien les ha dicho contra toda evidencia que son un pueblo oprimido y expoliado, porque les han inculcado un odio a España que no resiste un somero análisis lógico al margen de las toneladas de propaganda tóxica que les vierten cada día encima?

¿Cuántos catalanes hasta tal punto enajenados quedan todavía encastillados en esa vocación casi suicida, propia de una secta que se dispone al sacrificio colectivo? ¿Hasta qué grado ha llegado el adoctrinamiento y la anulación del espíritu crítico en la Cataluña de los últimos 40 años?

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