No ganarán.

Hace unos días tuve ocasión de “colarme” (con invitación, eh) en uno de esos desayunos políticos o empresariales a que tan aficionados son aquí en Madrid. Ya saben, hotel de superlujo, invitado de relumbrón, público ilustre, montones de caras de esas que te dejan pensando “ese es alguien, pero quién…”. Con cara de Paco Martínez Soria pisando por primera vez la gran ciudad me situé en un rincón, picoteé con discreción dos o tres canapés y me dediqué al noble arte de la contemplación y la observación.

En este caso el invitado de honor era el ministro de Justicia, Sr. Catalá. Pero es que no venía solo: ministro de Fomento, presidenta del Congreso, presidente del Supremo, presidente del Consejo General del Poder Judicial… Y eso, al día siguiente del vencimiento del primer plazo dado por Rajoy a Puigdemont, tenía su morbo.

Para rematar, presentaba el acto nada menos que Antonio Garrigues Walker, un auténtico dinosaurio (dicho en el más admirativo de los sentidos) del derecho, de la política y de la intelectualidad.

Y de pronto, será por el escenario, por el nivel de los asistentes o por lo odioso de las comparaciones, uno empieza a sentir algo extraño, indefinible. Algo llamado poder. O mejor: Poder, con mayúscula. Empiezas a escuchar frases como “sin derecho no hay civilización, ni convivencia, ni solidaridad”, “la democracia consiste en convivir en desacuerdo”, “fuera de la ley solo hay miedo, incertidumbre”, “hay que practicar el diálogo, y no exigirlo, donde corresponde, dentro de la legalidad y en el parlamento, que es su lugar natural”, “prudencia y moderación, pero firmeza”, “se dialoga, y se dialoga cada día, pero dentro de la ley; no se puede dialogar sobre el incumplimiento de la Constitución”,…

Y las escuchas pronunciadas con serenidad, con calma, seguidas de un rotundo y sosegado “lo resolveremos”, por gente que lo tiene todo demostrado en la vida, que encarna la tradición, la autoridad del estado, el prestigio de esta vieja nación, y no puedes evitar la comparación con lo que escuchas procedente del nordeste peninsular, esa constante letanía de victimismo, de mentira, de manipulación, de odio, de histérica gesticulación, de absurda proclamación de superioridad moral, y sientes una mezcla de serenidad, de confianza, de tristeza y hasta de vergüenza.

Decididamente, con todos sus defectos y carencias, que son muchos, esta vieja nación no se va a dejar derrotar por una pandilla de orates que están dispuestos a arruinar su tejido empresarial, fracturar su convivencia y sumir bajo una espesa capa de detritus la legalidad estatutaria y constitucional y los más elementales principios democráticos. Resulta devastador, después de escuchar y ver a los protagonistas de esa sesión, conectar con la televisión autonómica catalana y comparar lo visto y oído con lo que profieren Puigdemont, Rull, Turull, Gabriel, Junqueras, Romeva o Santiago Vidal.

No, decididamente no ganarán. No pueden ganar porque no tienen categoría moral, política, ni base intelectual, jurídica, ni solvencia alguna. Se irán por el desagüe. Causarán daño antes, utilizando como carne de cañón, cada vez menos metáforica, a los escasos cientos de miles de enfermos, porque no tiene  otro nombre, dispuestos a inmolarse por una causa absurda y, sobre todo, falsa. Pero se irán.

No ganarán.

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6 pensamientos en “No ganarán.

  1. Hola Antonio. La verdad es que me alegro de haber descubierto tu blog, no sólo por el placer de poder leerte, sino porque me pareces una persona llena de sentido común. Por eso esta entrada resulta tan tranquilizadora. Todos hemos pasado miedo y dolor por esta situación, y en algún momento hemos necesitado que alguien en quien creemos nos diga “Se arreglará”. En tu caso, fueron todas esas personalidades de indiscutible poder y currículum. A mí me ha bastado con leértelo a tí.

    Muchas gracias.

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  2. Es un placer leerle. Pero no hay que confiarse. Hay que persistir y no pensar que como somos mejores ganaremos. Debemos ganar porque además de ser mejores, tener razón y un fin más noble (aunque menos sentimental en apariencia) somos igual o más persistentes que ellos.
    La batalla no se ha decantado y cuando se gane habrá que administrar la victoria con la firmeza y la generosidad de la que todos los Españoles hemos hecho siempre gala.

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