Cierren las compuertas

Los catalanes hemos tenido ocasión de votar y lo hemos hecho. Antes, un 155 experimental, un presidente fugado cobardemente, miles de empresas huidas, varios políticos sediciosos en la cárcel, la banca en fuga, Europa advirtiendo que Cataluña quedaría fuera, nulo apoyo internacional, pantomimas de declaración unilateral… Con todo eso en marcha, y con elecciones en día laborable, se ha registrado una participación masiva y se han producido una serie de consecuencias:

  1. Por primera vez un partido constitucionalista ha ganado las elecciones en votos y escaños.
  2. Los dos partidos nacionales tradicionales, por decirlo así, PP y PSOE, han cosechado sendos fracasos. En especial el primero, auténticamente escandaloso.
  3. Los partidos separatistas han reeditado mayoría absoluta en el parlamento, aunque con dos escaños menos que en la anterior legislatura.
  4. Los radicales de la CUP han perdido muchos votos y escaños. Lógico por otra parte, si los partidos más tradicionales se han radicalizado ya hasta el extremo de la sedición: ¿para qué votar a una banda de gamberros si el propio gobierno y parlamento se han convertido en gamberros?
  5. El llamado catalanismo moderado, la antigua Convergència, ha desaparecido como tal: se ha pasado con armas y bagajes al separatismo, y sus votantes con ella.
  6. Cataluña está definitivamente fracturada en dos bloques absolutamente opuestos en todos los aspectos. Rural frente a urbano, catalanoparlante frente a hispanohablante, subsidiado frente a generador de riqueza, interior frente a costero,… Ahora están claras las fuerzas con que cuenta cada cual.
  7. El bloque independentista es absolutamente impermeable a cualquier argumento, razón o dato. Con la que ha caído, y no ha sufrido el menor castigo electoral. Los dos escaños menos se deben a la mayor participación de los no nacionalistas.

Esta suma de elementos solo puede augurar un futuro a corto plazo: la ingobernabilidad y el caos político. Va a ser francamente difícil formar un gobierno mínimamente estable, con lo cual la inseguridad jurídica está garantizada. A medio plazo, el empobrecimiento y la tensión creciente entre ambos bloques: la inestabilidad provocará que continúe la fuga de empresas y de capitales, el retraimiento del consumo, del turismo y el aumento del paro; la tensión ambiental derivará con toda probabilidad en enfrentamientos. Y a largo plazo, si no se toman medidas importantes, la independencia.

Los ciudadanos de Cataluña hemos tenido la oportunidad de devolver la normalidad a su comunidad, volver a la gestión ordenada de su riqueza y de su administración, que goza de unas competencias amplísimas. De recuperar el respeto a la ley. De interpretar los mensajes que les han llegado de todas partes del mundo, desaconsejando la aventura insensata que sus dirigentes políticos iniciaron en la pasada legislatura. Y la hemos desaprovechado. Hemos decidido perseverar en el disparate y en el desafío, y seguir apoyando a unos líderes que están siendo encausados por delitos gravísimos, sin considerar siquiera a efectos prácticos lo absurdo de votar a personas que probablemente pasarán muchos años en prisión, premiando incluso al cobarde que huye frente al coherente que, errado o no, se queda. Pienso que a España ya solo le queda una opción, que es cerrar las compuertas y arbitrar todos los medios necesarios para que los daños se limiten, en la medida de lo posible, a la región desleal y no se extiendan al resto de España.

Por una parte frenando en seco, con todos los medios disponibles, el descarado, inquietante e intolerable expansionismo del nacionalismo catalán por Valencia, Baleares y Aragón. Hay que hacer todo lo que sea necesario porque ha pasado a ser un asunto de seguridad nacional. La Generalidad lleva muchos años invirtiendo en subvencionar entidades y actividades pancatalanistas: hay que contrarrestarlo.

Y por otro lado garantizando que el suicidio colectivo al que parece dispuesta buena parte de la sociedad catalana, que controla además prácticamente todos los resortes del poder autonómico y local, muy por encima de su representatividad real, no arrastre al conjunto de la sociedad española, su economía, su convivencia, su libertad y su prosperidad. Hay que decirlo con claridad: a una región desleal se la ha de tratar como tal. Ya está claro a estas alturas que no se va a comprar lealtad con concesiones de cualquier tipo. Ya se ha demostrado la contumacia en la vulneración de las leyes, en el engaño del que incluso se alardea, en el despilfarro de los recursos públicos, en el desprecio a la oposición y a los mínimos usos parlamentarios (¿algún partido separatista ha felicitado, como es norma de cortesía, a la vencedora de las elecciones?), a la democracia misma. Abandonemos la leyenda de que “el gobierno de España es una máquina de fabricar independentistas”. No es más que una invención interesada para incentivar precisamente la inacción, so pretexto de que la acción alimenta el separatismo. Ni una cesión más. Limitar los daños al territorio enfermo.

Evidentemente que el cierre de compuertas atrapa a muchos que no deberían verse en esa situación. De igual modo que les atraparía una declaración de independencia. Con la diferencia de que si se produce ahora no es irreversible. La ruina de Cataluña va a producirse en todos los ámbitos, no cabe duda. Es dolorosamente necesario que quienes votan por la ruptura perciban desde ya en sus propias carnes que lo que se les viene advirtiendo es una realidad. No nos vale que lo descubran una vez independizados, porque entonces todos sabemos que la nueva república catalana, totalitaria en su diseño, no permitiría una vuelta atrás. En definitiva, buena parte del objetivo del proceso es lograr la impunidad para sus políticos, con lo cual la reversión está descartada. La única posibilidad reside en la posibilidad de que, antes de producirse el hecho irreversible, los catalanes perciban las consecuencias en forma de crisis económica, paro, decadencia cultural y empresarial… ¿Significa esto que haya que incentivar por ejemplo la huida de empresas? No, pero sí hay que facilitar que quien quiera irse lo pueda hacer. A fin de cuentas eso puede ayudar a desarrollar otras zonas de la geografía española. Significa por ejemplo que hay que dejar en cuarentena cualquier inversión importante en infraestructuras en Cataluña: ¿qué sentido tiene que el Estado invierta en una región que manifiesta reiteradamente su voluntad de largarse y quedarse por tanto con los frutos de esa inversión?

Lo cual no quiere decir que el Estado abandone sus responsabilidades en Cataluña, todo lo contrario. Ha de hacerse más y más presente, ha de marcar territorio y exigir el cumplimiento cotidiano de la ley hasta en el último rincón. Pero de forma eficaz. Si no, con cuatro promociones de alumnos adoctrinados que accedan a la edad de voto la balanza se inclinará del lado del separatismo y entonces sí estará todo perdido.

Se trata simplemente de hablar claro. De que los empresarios y trabajadores entiendan que si Cataluña no es leal al proyecto nacional español recibirá un trato proporcionado a su actitud. Y que lo entiendan también los empresarios y trabajadores valencianos y baleares. Queremos un Estado fuerte que actúe, y no que reaccione. Que tome la iniciativa y que no vaya a remolque. Y ahora la iniciativa pasa por cerrar las compuertas e impedir que la inundación alcance otros compartimentos. Para los que siguen dentro habrá que buscar soluciones que les defiendan en lo posible: son ciudadanos españoles. Pero el deber del Estado es proteger al conjunto de la Nación, no solo a una parte de ella en detrimento del resto. No hay que intentar contentar a quien nunca se va a dejar contentar, y además va a aprovechar las cesiones para perseverar en su empeño.

La única fábrica de independentistas es la debilidad y la cesión continuada.

Cierren las compuertas.

 

 

 

 

 

Anuncios

2 pensamientos en “Cierren las compuertas

  1. Efectivamente, una vez más tengo que darte la razón. Me sorprende que nadie más parezca percatarse de lo que comentas, basta aplicar la lógica. Cuando el gobierno aplicó el 155 te veías a los independentistas con cara de circunstancias diciendo que era un error y que eso lo único que hacía era crear más independentistas. No se, pero si eso fuera cierto lo lógico es que estuvieran encantados y lo dijeran con una sonrisa en la cara. ¿Desde cuando es una mala noticia conseguir que más gente se sume a tu causa?

    Han aprovechado que el estado estaba missing para aumentar su base, hacer y deshacer, y precisamente el enfoque, visto lo visto, es el que propones. El estado debe hacerse más presente que nunca, o terminaremos por regalarles Cataluña. La única solución que veo es que Ciudadanos gane también a nivel nacional porque el PP ya ha demostrado que no está por la labor más que de poner paños calientes y no abordar el problema en su verdadera dimensión.

    Lamentablemente, los políticos españoles no aprenden de la mediocridad de sus predecesores y repiten el mismo error, pensar sólo en el corto plazo. Gracias a esa actitud España perdió todas sus colonias y posiblemente pierda Cataluña, porque como dices, en unos años, con las nuevas generaciones sintiéndose exclusivamente catalanas, el independentismo crecerá, y cuando llegue al 65 % ya no habrá manera de evitar el desastre.

    Me pregunto si el gobierno tiene algún plan a medio plazo o se limita a reaccionar a los acontecimientos, pero me temo que es esto último lo que hacen. Y eso que tienen montones de herramientas a su disposición para revertir las cosas en 20-30 años. Desde políticas educativas a políticas de natalidad o estímulos migratorios. Si los independentistas han decidido ir hasta el final con todas las consecuencias (no les importa inmolarse a nivel económico con tal de lograr su propósito), nosotros no podemos andarnos con medias tintas. Hay que adoptar las medidas que sean necesarias siempre que estén en el marco de la ley, y entre ellas están las que propones y muchas otras. Cataluña, por ahora, sigue siendo una comunidad autónoma, y por tanto su financiación proviene del estado. Las acciones que promuevan la integración deban ser premiadas y las que promuevan la división, penalizadas.

    Lamentablemente, la única forma de que el pueblo catalán reaccione es pasar un periodo negro que les haga añorar su situación anterior y mucho me temo que eso es lo que va a suceder. La fuga de empresas va a continuar y el boicot de los consumidores sólo puede ir a más por el hartazgo que provoca esta situación. Esto va a llevar a que en unos años la balanza fiscal con la que justificaban sus iniciales demandas ya no les sea favorable. Entonces será cuando se saquen un nuevo argumento de la manga y traten de justificar la independencia con la falta de inversiones y que si españa ha abandonado a Cataluña a su suerte, y por supuesto habrá quien les compre ese relato. Pero si a la depresión económica se unen otras medidas de tipo educativo todavía hay alguna esperanza de que en 10 años este grupo de población salga de ese estado de alienación permanente en el que viven.

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s