Escenas de palacio

Jueves 20 de julio de 2017, 12.00 horas, Palau de la Generalitat.

“Conseller Turull, perdone…”

“Meritxell, le he dicho que no me pase llamadas, que estoy buscando urnas en Amazon.”

“Sí, conseller, pero es que… Es que…”

“Bueno, ya me ha interrumpido, así que dígame. Espero que sea algo importante”.

“Es que han llamado del cuerpo de guardia de la entrada de Palacio. Dicen que está… Que está…”.

“¿Quién Meritxell, quién? ¡Vamos!”

“¡La Guardia Civil, conseller!”

“Collons, Meritxell!” (Se escuchan ruidos)

“¡Conseller! ¿Conseller, me oye?” Se levanta y acude presurosa al despacho contiguo. El conseller Turull está introduciendo frenéticamente manojos de documentos en la destructora de documentos, mientras con la otra mano se arranca la corbata. Cuando la destructora se atasca, se lanza hacia un armario, lo abre y saca una botas altas de goma, de las de pescador de río, y empieza a batallar para embutirse en ellas.

“¿Qué hace, conseller?”

“Meritxell, no querrá que me empape el traje y los Sebago, que en las alcantarillas el agua cubre hasta la rodilla… ¿Han emplazado ya cañones en la plaza apuntando a palacio? ¿Hay ametralladoras? ¡No oigo los helicópteros!”.

“Conseller, es que…”.

“Estos pantalones son enormes, ¿no serán los de Junqueras? Meritxell, ¿están ya los de las CUP enfrentándose a los guardias? ¿Y los Mossos? ¿Nos son leales? Mire que le dije al President que hay uno en la puerta que se apellida García, y eso no puede presagiar nada bueno”.

“Conseller, escolti…”

“Aunque claro, deben estar en manifiesta inferioridad numérica, ante cientos de guardias civiles bien pertrechados… ¿Cuántos hay, Mertixell, un batallón? ¿Hay tanques?”

“Tres, conseller”

“¿Tres tanques en la plaza? Mare de Déu…”

“No. No, conseller. Tres guardias civiles. De paisano”.

El conseller se detiene, una pierna dentro del traje de pescador y la otra fuera.

“¿Tres? ¿Tres guardias de paisano? Serán de los GEO, fuerzas especiales, vienen a secuestrar al President…”

“No. Traen un papel”.

“¿Un papel? ¿Cómo un papel?”

“Sí, no sé qué de una agenda que quieren ver…”.

“Y… ¿Dices que solo son tres?”

“Tres. Y muy majos, muy correctos.”

“¡No pasarán, Meritxell!”. El conseller sale trabajosamente del traje de pescador y recoge de la destructora un folleto de urnas chinas a medio destrozar. “Llama a TV3 y a La Vanguardia. Que envíen cámaras y reporteros. Prepara una declaración diciendo que les he impedido el acceso y que…”.

“Conseller, pero es que ya están en el tercer piso”.

El conseller sonríe. “Meritxell…. Una mentira mil veces repetida se convierte en una verdad. Ya lo dijo el maestro”.

“Sí, conseller”. Meritxell se retira intentando recordar qué maestro había dicho eso antes. “¿Pujol? ¿Barrera? ¿Antich?”

En cascada

Una de las principales leyendas del separatismo consiste en repetir una y otra vez que es un proceso espontáneo que surge desde abajo, desde el pueblo. 

Pues no sé yo, pero parece que el pueblo no lo tiene tan claro. A medida que el proceso avanza y está más y más claro que es un burdo golpe de estado, sus cabecillas van elevando el tono de la presión…hacia abajo, claro.

Primero fue el diputado Vidal quien anunció a los asistentes a una charla, entre sus incomprensibles risas, que “estais todos fichados” gracias a unos datos que “evidentemente de forma legal no podían conseguirse”.

Le siguió su colega Llach, que amenazó abiertamente con represalias a aquellos funcionarios que no cumpliesen con los designios del golpe.

Hace un par de días Rull o Turull, nuestros Hernández y Fernández locales, atemorizaron a los ciudadanos diciendo que quien no acudiese a las mesas electorales habiendo sido citado para ello sería sancionado.

Junqueras se entretiene ya asustando a niños y abuelitas con el tremendista anuncio de que la guardia civil llamará a su puerta para llevarse a los críos, y asegurando (en realidad implorando) que los ciudadanos saldrán a la calle a defenderle.

O sea, que la idea del proceso que viene de abajo hacia arriba empujando a unos mandatarios que se ven casi obligados a colmar la clamorosa demanda popular parece haberse invertido, y ahora el golpe se precipita desde el poder hacia abajo sobre los sufridos ciudadanos en forma de cascada maloliente. Abran los paraguas.

Cómo redactar un burofax

No es difícil. Se empieza por poner el destinatario. En este caso “Muy Honorable Presidente de la Generalidad de Cataluña, Palacio de la Generalidad, Plaza de Sant Jaume, Barcelona”.

Luego se escribe el texto. Por ejemplo:

“Muy Honorable Presidente

La pretendida convocatoria de un referéndum para la independencia vulnera el principio consagrado en el artículo 2 de la Constitución, y por las consecuencias que pretende supone una amenaza a los intereses de España y de la Unión Europea, de la cual una hipotética Cataluña independiente quedaría excluida, como usted bien sabe.

Los pasos encaminados a la efectividad de dicho referéndum vulneran, por su secretismo y evidente y escandalosa falta de garantías democráticas, tanto la Constitución como el propio estatuto de autonomía de Cataluña.

La actividad de los servicios de acción exterior de su administración está esencialmente encaminada a desacreditar la imagen internacional de España, existiendo abundantes testimonios de ello.

De forma general, las actuaciones desarrolladas a lo largo de los últimos meses por el conjunto de su administración, e inspiradas por la acción de su gobierno, atentan gravemente al interés general de España. Además, su administración no cumple con las obligaciones que la Constitución y otras leyes le imponen, desobedeciendo incluso de modo reiterado las resoluciones judiciales, y habiendo descuidado de manera evidente, en la persecución del objetivo de la secesión, las obligaciones propias del gobierno del territorio y la población sobre los que  ejerce su jurisdicción la Generalidad de Cataluña.

Como Presidente del Gobierno de la Nación me veo en la necesidad de advertirle de dicha circunstancia y requerirle, al amparo del artículo 155 de la Constitución, para que cese en todas y cada una de las acciones de toda índole que constituyan un atentado a los intereses generales de la Nación y que cumplan, usted y toda su administración, con las obligaciones que imponen la Constitución y las leyes, con expresa advertencia de las consecuencias que para la desatención de este requerimiento establece el propio artículo citado.

En este sentido, estimo como razonable el plazo de un mes para que se adopten por parte de su administración medidas que demuestren de forma clara su voluntad de cumplir con lo requerido.

Atentamente.”

Luego se acude a la oficina de correos más   próxima con dos copias del escrito, sin sobre, y se pide el envío por burofax con acuse de recibo y certificación de contenido. Le sellarán una copia. Cuesta unos 26 euros. Pasados unos días recibirá un justificante de entrega.

De nada.

P.S.: el “atentamente” puede sustituirse por “ahora vas y lo tuiteas”.

Una bofetada, por favor

Se supone que en dos meses y medio en Cataluña se va a celebrar un referéndum que ha de llevar a ese territorio a la independencia destruyendo uno de los estados más antiguos de Europa, cambiando las fronteras de la Unión Europea y sacando de ellas a siete millones de catalanes, amén de crear un cisma social y una fractura que con toda probabilidad conducirá a ciertos niveles de violencia. 

A día de hoy no se sabe qué censo se utilizará, quién suministrará las urnas, cómo se hará el recuento y otros detalles nimios. Se sabe, eso sí, que bastará que vote un solo ciudadano y lo haga afirmativamente para que la independencia se proclame. 

Para esta convocatoria se están vulnerando la constitución española, los dictámenes de organismos internacionales, el propio estatuto de autonomía, los informes del consejo de garantías estatutarias de la propia administración convocante, las sentencias del Tribunal Constitucional…

Nadie sabe si la independencia será fruto del referéndum, o si será previa y la consulta se celebrará ya en un estado formalmente independiente. Nadie ha dicho, en este segundo caso, qué pasaría si ganase el no, signo evidente de que esa posibilidad simplemente no va a permitirse que suceda.

La administración autonómica lleva meses, por no decir años, haciendo campaña por la secesión por todos los medios, mientras que los contrarios dispondrán de apenas un par de semanas para exponer su postura.

Pero, nos aseguran, todo este disparate colectivo se justifica por la opresión que Cataluña sufre por parte de un estado de baja calidad democrática. 

Decididamente, como aquellas personas que entran en un ataque de histeria, Cataluña necesita recibir un contundente bofetón, una hostia de esas que despiertan a cualquiera de una alucinación. El problema es quién va a administrársela. No hay que descartar que se la propine la propia Cataluña, en forma del más espantoso de los ridículos. Así sea. Sería la mejor de las soluciones.

Todo escrupulosamente democrático 

Cataluña aspira a convertirse, como república independiente, en el paradigma universal de la pureza democrática, en un ejemplo de nación moderna, progresista, abierta, rica y generosa. Bien, en realidad no es que aspire a eso: es que no se cansan los independentistas de proclamar que eso ya es así, y que lo único que separa a Cataluña de la perfección (o al revés, vayan ustedes a saber, que no sabemos qué fue primero) es su condición de pueblo oprimido por la atrasada España. Curioso fenómeno, por cierto, el de tan avanzada nación subyugada secularmente por un estado tan manifiestamente inferior en todos los aspectos, pero bueno, vamos a dejar eso por ahora aparcado. No les robemos esa ilusión.

El problema es que la realidad no está demostrando por ahora que esa perfección democrática vaya a conseguirse tan fácilmente. Porque lo cierto es que los pasos que se están dando van en la dirección justamente opuesta. Claro, todo ello se justifica por la situación de evidente y lógica excepcionalidad que todo proceso golpista (ellos prefieren decir rupturista, o de liberación o autodeterminación) implica. Siempre con la promesa de que todo esto es temporal, necesario, que forma parte de un auténtico estado de excepción (con el que por cierto, según ellos, el estado les amenaza), pero que en cuanto se alcance la tierra prometida de la independencia las más arraigadas democracias de la vieja Europa occidental van a parecer apenas aprendices. Vean si no:

– La ley fundamental del proceso golpista (que ellos, insisto, consideran legítima) se guarda bajo siete llaves y se tramita en secreto.

– Para que esta ley salga adelante de forma discreta (¡discreta una ley que ha de romper el estado español y proclamar la república catalana!) se ha forzado y retorcido el reglamento de la cámara catalana para que pueda tramitarse de una tacada, en una sola lectura y en pleno mes inhábil y sin enmiendas ni por tanto debate digno de tan ambicioso propósito.

– La desconexión de España se producirá por ley antes del referéndum. ¿Se imaginan que luego sale el No? ¿Ven a Puigdemont llamando a Rajoy en plan “oye, presidente, esto… verás… que de aquello nada. ¿Crees que podríamos volver y pelillos a la mar?”.

– Se pretende aprobar la ley de ruptura con el estado con una mayoría inferior a la que se requiere para modificar el propio estatuto.

– Un diputado amenaza con represalias a los funcionarios que no cumplan esa ley de desconexión a todas luces inconstitucional.

– Se está elaborando al margen de toda legalidad un censo de catalanes residentes en el extranjero. A los que viven en el resto de España mejor los olvidamos, que igual no son adictos a la causa.

– Otro diputado, y juez sancionado además, reconoce entre risas que se va a utilizar un censo obtenido de forma manifiestamente ilegal (“estáis todos fichados, jajajaja…”).

– Se anuncia que las mesas de votación se cubrirán con voluntarios (imaginen la neutralidad y las garantías).

– Se vetan en sede parlamentaria las ayudas públicas, incluso vía publicidad, a los medios de comunicación privados que no colaboren con la propaganda pro referéndum.

– Toda la administración autonómica lleva años haciendo campaña sin tapujos a favor no ya de la consulta, sino del voto afirmativo, con lo cual resultaría imposible celebrar un referéndum con unas mínimas condiciones de equidad.

– Los partidos y entidades no independentistas son reiteradamente acosados, amenazados y hasta violentados por grupos “incontrolados” (será un homenaje a Companys…) sin que la Generalitat lo condene.

– Se miente a los ciudadanos sobre las consecuencias de la hipotética secesión, negando la evidencia principal, que es la de que Cataluña quedaría fuera de la Unión Europea.

Por no hablar, claro, de esas hermosas procesiones con antorchas, de esas calles festoneadas de cientos de banderas, por ese saludo característico con el brazo en alto y cuatro dedos extendidos,…

Será todo muy democrático, sí, pero la verdad es que de momento no lo parece.

¿Comisión de la verdad? Venga.

Dice Raúl del Pozo aquí que Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, en su carrera por situarse cada uno más a la izquierda que el otro, están alumbrando, no sé si al alimón o cada uno por su cuenta, la idea de crear una especie de “comisión de la verdad”. Cabe suponer que pretenderán que se limite, claro está, al franquismo, esa dictadura que concluyó hace ya cuarenta años con la muerte del dictador en su lecho. Sí, esa de la que los franquistas vivieron durante cuarenta años y los izquierdistas llevan viviendo otros tantos.

Por supuesto, la idea es disparatada, y solo busca excitar los más bajos rencores y despertar odios que con buen criterio los hombres de la Transición decidieron enterrar, sin contar con que una generación después una horda de insensatos tomaría pico y pala para exhumarlos con interés meramente electoral. Inexplicable, porque supone admitir que hay un público que compra esa mercancía, pero así es.

Pero una vez analizado el tema, y a la vista de que sin duda los propios muñidores de la idea y sus terminales mediáticas van a bombardearnos en las próximas semanas y meses con esta historia, llego a la conclusión de que tal vez no sea mala idea, si se consigue extender el objeto de la comisión a la propia guerra civil, y en consecuencia a sus orígenes y desarrollo. Porque lo cierto es que buena parte de los votantes de estos dos elementos peligrosos que son Sánchez e Iglesias no tienen ni repajolera idea de lo que sucedió hace ochenta años. Y lo poco que conocen es lo que han bebido en las fuentes de una enseñanza politizada y de unas películas y novelas abiertamente sesgadas.

Así que, sí, a lo mejor es buena idea que toda esta gente oiga hablar, claro está, de Franco, y de Millán Astray, y de Arias Navarro, y de Fraga, y de Carrero, pero también de Negrín, y de Largo Caballero, y de Carrillo, y de Durruti, y de Líster, y de Companys, y de los maristas cuyo rescate cobró Tarradellas sin evitar que los matasen, y de las checas, y de Calvo Sotelo, y de la matanza de la plaza de toros de Badajoz, y de los curas cazados como conejos, y de Guernica, y de las profanaciones de templos, y de los consejos de guerra, y de las matanzas de empresarios, religiosos, profesionales, seminaristas o simplemente católicos en Barcelona en los primeros meses de la guerra, y de los bombardeos italianos sobre Barcelona, y de los muertos en las cunetas, y de los de las fosas de Paracuellos, y de las barbaridades de las tropas de África, y de los paseos por la carretera de la Arrabassada, etc.

A lo mejor a quienes acaba por no convenir que esa comisión se constituya y trabaje es a quienes viven de la ignorancia de un par de generaciones que solo han conocido una parte de la historia. Y es que paradójicamente en España la historia la escribieron los vencidos durante al menos los últimos cuarenta años.

Pero descuiden, que todo esto no sucederá. Si la comisión finalmente se constituye ya se cuidarán nuestros Pedro y Pablo de que su composición sea adecuadamente progresista y de que se limite a ratificar las conclusiones que ya previamente habrá establecido el Ministerio de la Verdad. Progresista, por supuesto.

Que hagan la consulta

Lo sé, quien siga este blog pensará que he enloquecido o sucumbido a los embates de los indepes. Nada de eso. Todo lo contrario: cada día estoy más convencido de lo disparatado, suicida y peligroso de un planteamiento político, el del separatismo, que está arrasando con las reservas de sentido común y respeto a la legalidad que se nos suponía de siempre a los catalanes.

Pero para combatir el mal a veces conviene ser pragmático. Admitamos que ellos han tomado la iniciativa desde hace mucho, y que ahí el gobierno y las instituciones españolas han estado torpes, morosos e ingenuos. Que van ganando la batalla del vocabulario y de la imagen (y miren que resulta difícil teniendo entre sus filas y como líderes a personajes como Tardà, Homs, Rufián, Gabriel o Junqueras). No les regalemos una última victoria en ese terreno, como sería la de la terrible foto de la policía, la que sea pero bajo las órdenes del gobierno de Madrid, retirando urnas, precintando colegios o disolviendo colas de votantes plagadas de niños sonrosados con los labios todavía manchados por el chocolate del helado que constituirá el postre permanente de los catalanes.

No. Tomemos buena nota de todos y cada uno de los actos que realicen para la ejecución del referéndum que previamente habrá sido prohibido. Impugnémoslos todos. E iniciemos la acción legal correspondiente por prevaricación, por desobediencia y, sobre todo, por malversación para trasladar el coste de este despilfarro a quienes directamente lo estén ordenando. Hagámosles saber que este gasto ilegítimo lo pagarán, económica y penalmente, quienes lo ordenen. Pero no impidamos físicamente que jueguen a sacar urnas, a fabricar papeletas, a hacer pomposos recuentos y altisonantes declaraciones. Contabilicemos cada céntimo de ese dispendio en publicidad, en materiales, en dietas. Advirtamos a los funcionarios de que su participación puede tener consecuencias administrativas para ellos, que si acuden lo hacen en todo caso a título personal y sin que sus actos de ese día tengan la menor validez jurídica.

Y por supuesto hagamos saber a la ciudadanía que lo que el día uno de octubre convoque la Generalidad de Cataluña no es un referéndum, sino una charlotada y un despilfarro no sólo inútil, sino que quiebra la convivencia y la ley. Que no tiene validez legal alguna. Convenzamos a los partidos constitucionales de que no han de participar en ninguna votación del parlamento catalán que tenga que ver con esta cuestión, pero no absteniéndose ni votando en contra, sino ausentándose, y de que por supuesto no han de tomar parte en la campaña de propaganda, ni por el sí ni por la abstención. Que no hay que ir a votar. Persuadamos de que hay que ignorar el falso referéndum de modo que, si consiguen un resultado a la búlgara de un 99% de votos favorables con una participación del 30% y un censo más que dudosamente obtenido, su tan ansiada legitimidad internacional quede en agua de borrajas.

Pero no les hagamos el favor de regalarles la foto de la dulce jovencita estelada blandiendo una papeleta ante un antidisturbios acorazado y con pasamontañas. Ese sería el peor error y su victoria.