El huevo de la serpiente

Hace tiempo que los catalanes van asumiendo que el procès es incompatible con la ley. Ahora toca asumir que también lo es con la democracia.

Aún así, los separatistas lo asumirán como un mal menor inevitable y, dirán, temporal. Es necesario hacer sacrificios por la patria. 

Y eso pasa por restringir procedimientos parlamentarios, eliminar debate, censurar posturas contrarias, señalar adversarios, acosar a los disidentes, vulnerar derechos individuales en favor de los colectivos… Lo que haga falta.

Y eso, señores, se pongan como se pongan, se llama fascismo. Que no por ser catalán es mejor ni más limpio que cualquier otro fascismo. Conviene tenerlo claro. Fascismo en las actitudes y en los métodos, por más que en lo ideológico los diferentes actores hagan gala de programas de lo más dispar e incompatible. 

No hace tanto un tal Strubell decía que para él sería asumible que la nueva república fuese presidida por un asesino o un pederasta, mientras el objetivo de la independencia se consiguiese. Va siendo necesario pues que los catalanes asimilen que sin unas considerables dosis de fascismo no van a conseguir la independencia. Y que valoren si les vale la pena. Porque el fascismo, cuando llega, es para quedarse.

Las cortas patas de las mentiras 

Del mismo modo que la verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero, una mentira lo es aunque quien la sostenga ostente la presidencia de un gobierno regional. El presidente Puigdemont mintió descaradamente hace unos días al presentar en Twitter un dictamen de la comisión de Venecia como un varapalo, un tirón de orejas de la Unión Europea a España. 

En el colmo de la desfachatez, enlazaba la información de una de las centenares de publicaciones nacionalistas, en cuyo texto a su vez se enlazaba la resolución original en inglés. Con lo cual al engaño une el desprecio a sus seguidores, a los que supone incapaces de entender el texto inglés y por lo tanto de darse cuenta de que no solo no existe tal varapalo, sino más bien al contrario.

La comisión se pronuncia sobre la reciente reforma legal que permite al Tribunal Constitucional ser el ejecutor de sus propias resoluciones. Solo sobre ese extremo. Pero curiosamente empieza diciendo que cuando un funcionario desatiende los mandatos del TC o equivalente de su país está desobedeciendo la constitución misma, el poder constituyente, y puede ser compelido a respetarlos. Aquí tienen el fragmento en cuestión:

Y aquí el texto íntegro en inglés.

La única duda que la comisión plantea es si la ejecución de esas resoluciones de castigo a quien incumple deben ser aplicadas por el propio TC, en especial cuando el castigo implique la destitución o inhabilitación de cargos públicos. Y al respecto sugiere que para una perfecta apariencia de neutralidad sería aconsejable que la ejecución quedase en manos de otras instancias.

Como puede verse, una cuestión puramente formal, procedimental, que en nada cuestiona la capacidad y hasta la obligación de los órganos judiciales constitucionales de cada país para hacer efectivo el cumplimiento de sus resoluciones y para adoptar medidas coercitivas, y que solo pone en duda la idoneidad, a efectos de salvaguardar su apariencia de objetividad, deba ser el propio TC el ejecutor.

El presidente regional de Cataluña, pues, miente a sus ciudadanos. Lo cual, claro, no constituye ninguna sorpresa en el contexto del proceso separatista, pero tratándose de un dictamen legal público de fácil verificación resulta especialmente sangrante y ofensivo. Esperemos que alguien se lo eche en cara en sede parlamentaria. Aunque ya se está ocupando el separatismo de moldear a su antojo los reglamentos del parlamento catalán para convertirlo en una simple caja de resonancia de los desvaríos secesionistas, cada vez más lejana de los mínimos exigibles a un parlamento democrático.

La hora de “los otros”

‪Conviene que empecemos a tener clara una cosa: el éxito de la aplicación del 155, que ya empieza a parecer inevitable a la vista de la reacción de la Generalitat ante la suavísima sentencia de Artur Mas, dependerá en gran medida de cómo nos comportemos los catalanes no separatistas. 

Nos equivocaríamos mucho se lo fiásemos todo a la acción del gobierno y la justicia. Llevamos años pidiendo su respaldo y su acción, y por lo tanto ahora llega el momento de que nosotros les aseguremos nuestro apoyo visible y sin fisuras.‬

Qué responder cuando Jordi te dice… (2)

“Europa no expulsará a Cataluña. Los catalanes somos europeos y la Unión Europea no puede permitirse dejar fuera a la región más industrializada del Mediterráneo”. 
– A ver, Jordi. Que Europa no os expulsa. Que sois vosotros quienes queréis salir de Europa. O mejor dicho, queréis que salgamos.

– No, nosotros queremos salir de España, pero no de Europa.

– Ya. Pero si salís de España salís de Europa.

– El tratado de la Unión no dice nada sobre eso.

– No dice nada sobre un país que se segregue de otro porque no hace falta que lo diga. Pero establece clarísimamente los requisitos para la aceptación de un nuevo país. Y Cataluña sería un nuevo país.

– Igual estamos fuera unos meses, pero Europa nos querrá dentro.

– ¿Estas seguro, Jordi? Piensa que uno de los requisitos es la aceptación unánime por parte de todos los miembros.

– ¿Quieres decir que España nos bloqueará? ¿Ves? Así nos tratan, con hostilidad.

– Hombre, qué quieres que te diga… Yo podría entender esa hostilidad, la verdad, porque estáis diciendo cosas terribles sobre España. Pro olvida por un momento a España. ¿Crees que otros países con conflictos territoriales van a permitir ese precedente?

– Hombre…

– Sí, sí: piénsalo. Francia tiene problemas con los corsos, Italia con los lombardos, Reino Unido con los escoceses, Bélgica con los flamencos… Y ahí lo dejo. ¿Tú crees de verdad que la Unión Europea y esos países van a permitir ese ingreso exprés, ese éxito de Cataluña que puede despertar afanes secesionistas en media Europa? No sé yo…

– Pero Cataluña es Europa, y los catalanes europeos. ¡La nación más antigua de Europa!

– Bueno, sobre eso habría mucho que hablar, pero en fin… Sí, Cataluña es Europa geográficamente. Pero quedará fuera de la Unión. Y los catalanes dejarán de ser ciudadanos de la Unión.

– Pero España no puede quitarnos la nacionalidad, así que seguiremos siendo europeos.

– Ahí quería verte, Jordi: o sea, que toda esta movida es para seguir siendo españoles. Quins collons, Jordi. Explícales a tus amigos indepes eso” que cuando quieran circular libremente por Europa lo tendrán que hacer con el pasaporte español. La monda.

– Bueno, pero Europa hará todo lo posible para que Cataluña…

– No lo acabo de ver. Para empezar, todos los responsables de la Unión se han manifestado con claridad y públicamente en este sentido que te comento…

– Pero en privado dicen otra cosa.

– ¿Y eso cómo lo sabes? No sé, yo me guiaría más por lo que sí dicen… Y por otra parte estamos dando un espectáculo de falta de respeto a las leyes y a la constitución que no es precisamente un ejemplo de socio fiable. Si hoy España nos roba, ¿quién nos dice que mañana no empezaremos con “Europa ens roba”? Aparte de que la falta de seguridad jurídica que suponen esos incumplimientos hacen de Cataluña un país poco atractivo para la inversión.

– Pero eso es solo ahora, hasta que tengamos la independencia. Luego todo será normal.

– Ah. O sea, que Cataluña será un país que cumplirá o no los tratados de la Unión en cada momento en función de que le convenga o no. No me gusta, Jordi. No os compraría un coche usado.

Qué responder cuando Jordi te dice… (1)

– España nos roba, Cataluña está expoliada y el dinero que sale de Cataluña no vuelve. 

– Caramba, Jordi, ¡qué suerte! ¿Cataluña paga tus impuestos por ti? ¡Porque yo pago los míos! Jajajajaja… Pagamos impuestos los catalanes, no Cataluña. Y por cierto bastante más caros que en otras zonas de España.

– Bueno, los catalanes. Pero ¿Lo ves? Tú mismo lo has dicho: ¡Pagamos más!

– Sí, pagamos más, pero solo en aquellos impuestos que dependen de la Generalitat de Cataluña. De hecho, hay como una docena de impuestos propios de la Generalitat que en otras comunidades no existen. Y en los impuestos estatales, la Generalitat aplica los máximos recargos que la ley le permite. Con lo cual los catalanes acabamos pagando más que por ejemplo los madrileños, pero por decisión de nuestra Generalitat. Curioso, ¿verdad Jordi?

– Ya, pero eso es porque el dinero que Cataluña paga…

– Cataluña no paga, Jordi.

-…bueno, los catalanes, ese dinero no vuelve a Cataluña. Si se quedase aquí la Generalitat podría bajarnos los impuestos.

– Tienes toda la razón, Jordi. Pues claro: oye, si a ti o a mí nadie nos cobrase impuestos tendríamos más dinero en el bolsillo y viviríamos mejor, ¿no? Eso sí, no tendríamos los servicios públicos que tenemos. Pero escucha una cosa: seguro que tú ganas más dinero que yo.

– Jajajaja, ¡qué dices! ¡Tú ganas más!

– ¿Seguro? Me parece muy injusto, pero venga, aceptémoslo para mi ejemplo. ¿Verdad que si yo gano más que tú te parece justo que yo pague más impuestos?

-Hombre, pues claro: el que más tiene, que más pague.

– Eso es. Y otra cosa: ¿verdad que si Alemania es más rica que Grecia es normal que aporte más a la Unión Europea?

– Sí, claro…

– Entonces… Si ese principio de que quien más tiene más pague es válido a nivel de individuos y a nivel de estados, ¿por qué no debería serlo a escala de comunidades autónomas?

– ¡Es que no es lo mismo! El dinero de Cataluña…

– De los catalanes, Jordi…

-…vale, de los catalanes, se despilfarra en Andalucía y en Extremadura para que todos los niños de allí tengan ordenadores y los adultos se pasen el día en el bar viviendo del subsidio y…

– Vale, vale. A mí también me indigna el despilfarro. El de allí y el de aquí. ¿Tú vives en Barcelona, no? ¿Y no sabes que de Barcelona, como tú dices, salen muchos más impuestos que de Gerona o Lérida? ¿Roban estas provincias a los barceloneses?

– Se dice Girona y Lleida.

– Vale, pero entonces cuando hablemos catalán no digamos Saragossa o Reial Madrid, ¿de acuerdo?

– Eres un liante, collons.

– Sí, lo soy, jajaja. Pero ¿qué me dices de los impuestos de los barceloneses?

– Bueno, somos solidarios…

– Acabarámos: o sea que solo quieres que seamos solidarios entre catalanes. Oye, no te molestes, pero ¿no te resulta un pelín racista este principio? Y otra cosa: cuando seamos independientes y miembros de la Unión Europea, ¿estaremos dispuestos a ayudar y ser solidarios con los países más pobres, incluso tal vez con la propia España?

– Claro, pero lo decidiremos nosotros.

– Hombre, no sé yo. Lo decidirá la Unión Europea, ¿no? En fin, oye: no quiero agobiarte. Menudo rollo te estoy pegando… Piensa un poco sobre ello y seguimos otro día. Adéu, Jordi!

Psicopatología separatista

Corre por ahí un manual que distribuye al parecer la ANC (Assemblea Nacional de Catalunya) a modo de argumentario para que sus militantes, a los que casi cabría calificar de adeptos, puedan encarar conversaciones con los descreídos del proceso separatista y desarrollar así un más eficaz proselitismo. Aquí tienen un completito resumen gentilmente ofrecido, sin el menor espíritu crítico y a modo de encarte encubierto, por el antaño conocido como “acorazado de la calle Pelayo”, hoy “el panfleto de Godó”:
 


Bien, viendo los consejos que ofrecen cabe pensar que, más que a los descreídos, va encaminado a persuadir a los ignorantes que bordean el analfabetismo funcional, tal es el nivel de los diálogos simulados en que se articula el panfleto. Eso da una idea, por cierto, del grado de respeto intelectual y hasta humano que a esta gente le merecen los indecisos. De lo cual colijo que a los que estamos en contra del proceso separatista y nos esmeramos en hilvanar un par de ideas mínimamente sólidas ya nos dan por perdidos. Es más, diría que probablemente aconsejan incluso a sus adeptos que nos esquiven, no vaya a ser que nuestra perniciosa influencia les haga, qué sé yo, ¿pensar? Y es que en definitiva, oigan, un voto es un voto, sea el de la Encarni, el del jugador de cricket pakistaní o el de un subsahariano recién nacionalizado (español, claro). De momento que voten. Luego ya descubrirán que no todos los domingos hay helado de postre. O sí, pero no para ellos. 

El caso es que la idea me ha gustado, y me parece justo corresponder con una equivalente dedicación a tan elevado interés por los aún no convencidos. En homenaje al legendario doctor Soler que en tiempos de Mikimoto dirigía una sección titulada “Psicopatología conyugal” con disparatados ejemplos de formas de afrontar conflictos de pareja, queda solemnemente inaugurada la sección titulada “Psicopatología separatista”. Y siguiendo las pautas del expeditivo doctor, cada entrega se iniciará con un pragmático “qué hacer si un indepe te dice…”. Intentaremos, eso sí, evitar el repugnante tufo de superioridad moral, intelectual y casi racial que emana del panfleto separatista. Que aquí somos conscientes de nuestras limitaciones. Permanezcan atentos a sus pantallas… 

Sagradas instrucciones

Curiosa la relación de la sociedad española con su administración de justicia. No es una relación de desconfianza radical, sino de desconfianza muy selectiva. No debería sorprenderme, claro está: en definitiva sigue el mismo criterio que los aficionados al fútbol. Una misma entrada, idéntica, es condenable, punible y execrable en la medida en que la cometa un jugador del equipo contrario y excusable, justificada e inofensiva si el autor viste la camiseta del equipo de nuestros amores. Esta, por cierto, es una de las razones por las que dejé de ir al fútbol hace ya muchos años: mi incapacidad para el fanatismo, mi manifiesta falta de aptitud para aceptar que lo blanco es negro. O azulgrana.

En este paralelismo, parece que el equipo de los colores de la sociedad española lo forman los jueces instructores. E igualmente que parece ser cierto que cada español lleva en su corazón un entrenador de fútbol, no lo es menos que en otro órgano que no me atrevería a concretar cada ciudadano de este bendito país lleva un juez instructor, con su toga y todo.

Como de un tiempo a esta parte todos (bien, de acuerdo: casi todos) somos muy progres el equipo rival, el que lo hace todo mal, el que nunca acierta, el que actúa con intrínseca maldad y con artes extra deportivas resulta ser invariablemente el de los magistrados de instancias superiores. Tanto es así que, a juzgar por la rara unanimidad de la opinión pública y la publicada, deberíamos plantearnos la conveniencia de suprimir todas las demás instancias y dejarlo todo en manos de esta casta superior de súper hombres y súper mujeres que constituyen los jueces de instrucción.

Y lo grandioso es que ahí coinciden,  aunque paradójicamente desde la más radical discrepancia, derechas e izquierdas. Vean si no: Alaya es la mejor instructora del mundo pese a que le tumben medio sumario. Elpidio es un héroe nacional aunque haya puesto en peligro todo lo actuado contra un semoviente como Blesa. Castro es ídolo de masas aunque las magistradas hayan dejado su instrucción en mantillas. Garzón es la justicia encarnada, y mucho, en un ser terrenal pese a que sus instrucciones tengan a decir de los expertos la solidez de un castillo de naipes.

Y por contra los tribunales superiores que curiosamente, qué cosas, suelen estar integrados por varios magistrados con larga experiencia y méritos en el ascenso, yerran indefectiblemente, por incompetencia o directamente por venalidad, a los ojos del “supremo tribunal de la barra de bar a la hora del carajillo” o de su versión catódica que es “la corte inapelable de la tertulia”.

Gloria a los jueces de instrucción. Ellos sí que saben. Paco, otra caña.